Por: Cecilia Orozco Tascón

Las tajadas del ponqué

Apuesto a que el Procurador buscará hoy una salida ladina a la orden de la Corte Constitucional. No la desobedecerá pero tampoco la acatará.

Se quedará con el pan y con el queso y el poder volverá a aplaudirlo por su “lucha contra la corrupción”, como nos lo quiso vender, en primer lugar, la Corte Suprema cuyas tres salas se separaron durante 20 minutos a escoger, cada una, su candidato a la Procuraduría para reunirse después en la Plena a votar por sus aspirantes. Sorpresivo resultado: Sala Civil: Alejandro Ordóñez. Sala Laboral: Alejandro Ordóñez. Sala Penal: Alejandro Ordóñez. No piensen mal. Fue sólo una coincidencia que les sirvió para remedar una elección que de todos modos les resultó espuria porque tuvieron que alcanzar la mayoría calificada con los votos de quienes tienen conflictos de interés. O, en segundo término, lo alabará, porque “ha hecho muy buena labor”, Juan Manuel Santos, jefe de la Unidad Nacional que le garantiza el 93% de la urna del Senado, antes de siquiera postular a su propio candidato. A propósito, no adivino cuál será el pelele que le permitirá al presidente incluir su nombre en la terna de fachada que deberán completar él y el Consejo de Estado para darle presunta legitimidad a la reelección del procurador.

Pero habrá alguno porque aquí sobran los figurones y son escasos los que prefieren la dignidad. Ordóñez no se retirará, por supuesto, como lo haría alguien que en verdad ponga sus convicciones por encima de sus aspiraciones políticas. ¡Qué va! Él se quedará con el pan sin renunciar al queso. Interpondrá un recurso, por ejemplo de nulidad, con el fin de prolongar la discusión jurídica para evitar rectificar sus torcidas opiniones contra los derechos de las mujeres. No desafiará a la Constitucional y tampoco dirá que se equivocó. No les aceptará la renuncia a sus escuderas con el argumento de que el asunto legal está aún sin resolver. Y si no consigue sostenerlas en el Ministerio Público, las ubicará, como semillas que rendirán frutos después, en alguno de los altos tribunales. Él no tiene agüero.

Pasará el plazo de las 48 horas fijado para que se someta a la Carta, sin someterse, mientras las fuerzas políticas de Santos apresuran su sesión de coronación. En el entretanto, el superhombre buscará asegurar a sus electores, los senadores, con quienes “tiene contacto constante... debido a que en su despacho se mueven varios procesos que afectan a los legisladores y (a que) en algunos casos media la amistad (entre Ordóñez y ellos)...”, de acuerdo con el relato de El Tiempo de ayer. Ninguno en la nominadora Rama Judicial, en la electora Rama Legislativa ni en la rectora Rama Ejecutiva se inquietará por la violación flagrante del Estado de derecho. Se ocuparán únicamente de reiterarle su admiración, siempre y cuando reparta con generosidad las tajadas del ponqué que tiene en sus manos, bien con puestos, bien con absoluciones, bien con procesos o condenas para los enemigos comunes. Bien con el favor a los amigos, connotados señorones de la sociedad que botaron a la basura su discreción en esta orgía de inmoralidad en que está sumida una Colombia que no se avergüenza de su postración.

No sé por qué todavía me asombro. Escuché el lunes en la W al exmagistrado Hernando Yepes, cuya fama de buen jurista ha permanecido a través de los años, deshaciéndose en elogios para Ordóñez (“sus altos rendimientos, su tesón, su firmeza, su independencia, su autonomía...”), sin ruborizarse ni declarar que su hijo le debe un ascenso extraordinario a este procurador, que lo privilegió subiéndole el rango de asesor 24 a procurador judicial II, y de $6 a $19 millones de salario mensual. Más que la Constitución, que las leyes y la moral social, pueden, claro que sí, las tajadas del ponqué.

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2012-09-18T22:18:58-05:00

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Las tajadas del ponqué

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