Por: Columnista invitado EE

“Por favor, no dejen que nos maten”

He tenido pesadillas en las que intento gritar y nadie me escucha; hablo, pido y clamo sin recibir respuesta: mezcla de impotencia, miedo y desesperación.

Yo despierto, pero Rosa Amelia Hernández, no. Porque a ella no le ha sucedido en sueños sino en la vida real. Rosa pide que la escuchen, es lo único. No es mucho, no parece difícil. Pero lo pide como si no tuviera derecho a eso, como si fuera algo extraordinario. Lo es. De las cosas más simples y esta mujer carece de ello. Porque Rosa lleva años pidiendo ayuda y justicia para quienes como ella fueron desplazados y han sido víctimas de esta violencia absurda en la que el país está sumergido; personas que han encontrado en ella un apoyo, un oído que los escuche para poder contar su historia y encontrar la reparación. Rosa intenta darles una orientación legal y moral —cosa que le ha tocado aprender a la fuerza porque no es abogada ni psicóloga, pero sí una mujer llena de fuerza para la que el impulso de ayudar a otros a veces pesa más que su propia vida—. “Me iban a desaparecer, como desaparecen a todo el mundo acá”. Porque su memoria y la información que posee la hacen enemiga de quienes prefirieron la atrocidad y el egoísmo antes que el bienestar de un país. Se necesita un volumen absurdo de injusticia y una vocación que ni ella misma sabe cómo dejar a un lado para seguir adelante. Pero sigue. “Yo tengo el valor, lo que no tengo son los recursos. Mientras haya vida, hay posibilidades”, dice. Porque la lucha de esta mujer de 60 años, que vive en Planeta Rica, Córdoba, y que lleva nueve años ayudando a desplazados como ella, se centra en su urgencia de hablar y contar todo lo que han padecido, en pedir la ayuda necesaria para recuperar las condiciones mínimas para la supervivencia de todas las víctimas.

Y sólo cuando un grupo de periodistas (La Silla Vacía) decidió hacerla visible para que contara su historia, nadie sabía de ella.

Que en este país sea necesaria una campaña —iniciativa de otros— para que el Gobierno la escuche y le dé la protección que piden, es infame. Rosa es una de tantas y tantos que se juegan la vida dejando el miedo a un lado para recuperar lo que era suyo —aunque su lucha ni siquiera se aloje ahí porque esa es una batalla que sabe perdida, pero sí en la necesidad de dignificar la vida de quienes hoy viven en la miseria producto de esta guerra cruel, propiciada por el dinero, la droga y el poder—. Así nació “Proyecto Rosa”, que pretende mostrarle al país el universo de quienes lideran la lucha de las víctimas y evitar que se pierdan en el olvido.

La valentía de la que todos nosotros carecemos la lleva Rosa en su corazón. Y yo quiero, como ella lo pide, “ayudar a ayudar a quienes necesitan ayuda”. Usted también puede. Conozca a Rosa, galardonada por la revista ‘Semana’ y la Fundación Liderazgo y Democracia como uno de los mejores diez líderes de Colombia. Sepa que existe y que de nosotros depende que a través de su voz se escuchen las de tantos otros que también son Colombia. Escucharla cuando dice: “Por favor, no dejen que nos maten”. www.proyectorosa.com

(*) Carolina Cuervo

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2012-09-23T23:00:00-05:00

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