Por: Aura Lucía Mera

¿Mujeres enemigas de las mujeres?

Es sabido que las mujeres nos vestimos para competir con otras mujeres, que cuando en alguna invitación ofreces un plato exótico, los elogios son alrededor de la mesa y después acaban con tu cocinado, que cuanto más te elogian más te envidian, que te quieren sacar un chisme privado a toda costa, prometiendo silencio, para después contarlo a todo el mundo; que cuando te encuentras con una compañera que no ves hace mucho tiempo y le dices "qué linda estás" mientras piensas que parece una bambulita de las arrugas que tiene, en fin, esos son los pecadillos menores. El pan nuestro inofensivo de cada día femenino.

Los hombres, por machistas, maltratadores y guaches que sean, no caen jamás en cuenta de si estás estrenando, si tienes unos tacones puntilla con los que arriesgas la vida o si has cambiado de perfume. Existen los que “se lo piden a todas”, los que llevan una doble vida, los que golpean borrachos, los que gritan, los inseguros, pero casi todos tienen un común denominador: en el fondo son simplotes, frágiles ante las enfermedades y fáciles de mantener en niveles básicos de satisfacción.

Las mujeres siguen encarnando “ese oscuro objeto del deseo”. Generalmente manipuladas por hombres, muchos de ellos homosexuales, para que se conviertan en anoréxicas o muestren la silicona al lado de un carro último modelo, o bailen de alegría ante un tarro de jabón. Casi todos los yines ombligueros que rebozan las “llantas” abdominales, los zapatos de plataformas monstruosas, son diseñados por hombres. Sin malicia, ni dobles mensajes, quieren que las hembras se muestren para poder mirarlas y, si se puede, manosearlas. Entre más forradas se paseen por la calle, más contentos se ponen.

Lo que suena un poco extraño es que también muchas mujeres se dediquen a lo mismo. Mujeres de altos niveles que dirigen revistas, agencias, publicidad. Para no ir más lejos, basta mirar la revista Donjuán sobre el sadomasoquismo, en que se exhiben fotos de la mujer en éxtasis y multiorgasmos al ser golpeada por su amo, su macho, su poseedor. Mujeres de alto nivel socioeconómico y cultural, que podrían estar en otros menesteres, como la directora de Donjuán, que se dedica a fabricar una revista “para esos machos” para que se masturben en los baños o donde sea.

Mientras la violencia y el maltrato, los asesinatos y las violaciones, la trata de mujeres, crecen en Colombia como hierba silvestre y reina total impunidad, otras, que deberían estar “del otro lado de la moneda”, se prestan para ayudar a que la epidemia se expanda como la gran metástasis del sometimiento femenino, ensalzándolo de forma provocativa y aberrante. En la próxima edición, ya picó el anzuelo Carolina Cruz, muy bonita, muy meritoria, pero que ya estamos hasta la coronilla de verla en los zapatos, en los collares y ahora en cueros.

No soy feminista ni pertenezco a ninguna comunidad fundamentalista. Pero rechazo que las mujeres de cierto nivel aceptemos lanzar a los leones a otras mujeres. Antes estas publicaciones eran de dominio masculino. Serán cosas de la globalización. ¿Será que una Ángela Merkel terminara dirigiendo una Playboy en alemán?

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2012-09-24T23:00:00-05:00

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