Primer foro sobre inclusión laboral de Best Buddies Colombia

hace 1 hora
Por: Rafael Orduz

Innovación: dos años en blanco

La popularidad del presidente Santos se ha disparado. Según el Centro Nacional de Consultoría, subió, en pocas semanas, treinta puntos y está en el 80%.

Quizás la expectativa de un país alrededor de las negociaciones con las Farc, harto de 50 años de violencia, por un lado, y el valor (y la inteligencia) de hacer pública su situación médica en circunstancias en que cualquier cosa podía pasar, por otro, han catapultado su imagen. No podía ser mayor el contraste con la correspondiente actitud del vicepresidente. Despertó sentimientos de respeto y cariño.

Sin embargo, la baja y el alza de popularidad de los gobernantes en Colombia están sujetas, en exceso, a la coyuntura mediática. No existe un programa, como el de Bogotá y otras ciudades, del tipo “Colombia cómo vamos”. El examen de ejecución vs. planeación corresponde, más bien, a procesos de autoevaluación, con fuerte incidencia de la oficina de comunicaciones de Palacio. El presidente y el respectivo ministro echan el cuento en cámaras y... ya.

Un tema estratégico, vital para la competitividad del país, es el de la innovación. Los documentos de campaña del candidato Santos, particularmente el de las 110 iniciativas del “Gobierno para la Prosperidad Democrática”, lo incluyen en, al menos, cuatro de las propuestas.

De entrada, el documento central del candidato decía: “El Buen Gobierno parte de una diáfana claridad sobre lo que debemos hacer con Colombia, y a dónde la queremos llevar en los próximos cuatro años; sobre cómo encausar (sic) al país, sus niños, jóvenes y trabajadores, hacia educación y empleos de clase mundial, basados en innovación y conocimiento, en pos de una Colombia grande”. Mejor, imposible.

Lo único que el Gobierno puede cobrar es haber conseguido que el 10% de las regalías fuese destinado a actividades de ciencia y tecnología e innovación. Sin embargo, en la práctica creó un laberinto de trámites, como resultado de una absurda asignación de recursos a los departamentos (en función de necesidades regionales insatisfechas, sin consideración de sus capacidades de innovación) y unos mecanismos de evaluación de proyectos que, probablemente, no tendrán las suficientes herramientas técnicas y sí la participación de ciertas voracidades políticas.

De paso, Colciencias fue excluida del proceso. Ningún perfil se aproximaba más a la esperanza de que tanto anuncio sobre la innovación fuera verdad que el del director saliente. Dos años perdidos en una entidad obsoleta, con menos incidencia sobre la vida nacional ahora que es departamento administrativo. El nuevo director, Carlos Fonseca, conoce bien el cuento. Sin embargo, sin la militancia directa del presidente, de los ministros claves (Hacienda, Educación, TIC), del DNP, de empresarios innovadores, rectores líderes de universidades, profesores y estudiantes visionarios, los escasos 22 meses que faltan podrían ser otro chasco.

Lo mismo de antes: no se están generando empleos de clase mundial basados en innovación y conocimiento como lo había prometido el candidato.

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