Por: Marcos Peckel

Otra vez Gaza

En un ciclo de nunca acabar que se ha prolongado por años estalla otra ronda de violencia en la Franja de Gaza.

Después de un centenar de cohetes lanzados por Hamás y otras organizaciones desde la Franja a poblaciones del sur de Israel, el estado judío tomó la decisión de escalar el conflicto, ajusticiando al líder militar de la agrupación islamista, Ahmed Yabari, destruyendo el gigantesco arsenal de cohetes iraníes que a través de los túneles había acumulado esa organización, y, por encima de todo, restableciendo el poder de disuasión después de semanas en que los cohetes de Gaza azotaban a su población.

Israel demostró con este golpe la eficacia de sus servicios de inteligencia. Conoce a ciencia cierta el lugar y los movimientos de los líderes de Hamás y otras organizaciones, además de la ubicación de los depósitos y plataformas de lanzamiento de los misiles.

Hamás, que había sido fuertemente golpeada en la operación Plomo Fundido en 2008, recibió un nuevo aliento con la caída de Mubarak y el ascenso de la Hermandad Musulmana al poder en Egipto. Sin embargo, el presidente de ese país, Mohamed Mursi, se encuentra en una encrucijada entre los llamados de sus partidarios de la Hermandad para asumir una dura reacción contra Israel y la necesidad que tiene de Estados Unidos y el FMI para rescatar la colapsada economía. Mursi hará todo lo posible para lograr un pronto cese de hostilidades.

La provocación de Hamás se da en medio de un proceso electoral en Israel y, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, su objetivo es influir para que los duros de la derecha israelí lleguen al poder, esperando así sabotear cualquier aproximación de paz. Con esta escalada queda también debilitada la Autoridad Palestina del presidente Abas, quien aún manifiesta su esperanza en una negociación que conduzca al establecimiento de un Estado Palestino, algo a lo que Hamás se opone pues su objetivo es el fin del Estado judío.

En la convulsión que vive Oriente Medio sólo los grupos radicales islamistas se benefician con una escalada mayor del presente conflicto. Hamás buscará demostrar su poder de reacción ante el contundente golpe sufrido, incluso golpeando la región de Tel Aviv en el corazón de Israel.

De no lograrse una pronta tregua se podría estar ad portas de un estallido regional que involucre, además de una posible invasión de Israel a Gaza, a la organización chiita libanesa Hizbolá, contra la pared por la situación de su aliado Al Asad, y a ruedas sueltas en Siria interesadas en calentar la frontera norte de Israel. Llegará la tregua. Siempre llega. Hasta la siguiente ronda.

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