Por: Juan Pablo Calvás

¿Los sindicatos para qué?

¡Lástima! Este año no se pudo conseguir un salario mínimo concertado y ahora le tocará al gobierno asumir la tarea de definir el incremento que se aplicará a la base salarial de cerca de 1 millón 200 mil colombianos.

Lástima porque se pierde el impulso alcanzado a finales del año anterior cuando por primera vez en cinco años se había logrado el consenso entre sindicatos y gremios de la producción. Lástima porque una vez más queda demostrado que mientras los empresarios saben llegar en bloque y negociar como un solo cuerpo en torno a la mesa de concertación, los sindicatos siguen dispersos, llevándose la contraria y pensando más en complacer a sus bases políticas que en consolidar un liderazgo útil para los trabajadores colombianos.

¿Cómo es posible que los sindicatos no sean capaces de ponerse de acuerdo para definir una propuesta única de incremento salarial? ¿A qué juegan los señores de la CUT, de la CTC y de la CGT?

No estoy diciendo que las centrales obreras deban ceder ante la propuesta de los empresarios, lo que sí parece urgente es que los sindicatos comprendan que tirando cada cual por su lado pierden capacidad negociadora y, por ende, la posibilidad de llegar a un acuerdo que beneficie a los trabajadores colombianos. No deja de sorprender que quienes debieran ser la muestra viva de la búsqueda de consensos y diálogo social (representando a centenares de personas) no sean capaces de alcanzar acuerdos entre ellos mismos.

En esa línea es inevitable preguntarse si la gran base de trabajadores (del sector público o privado) se siente representada auténticamente por las centrales obreras. Esta reflexión es aún más interesante ahora que desde el Ministerio de Trabajo lanzan una campaña de respaldo al sindicalismo en Colombia, con mensajes en radio y televisión que hablan del derecho que tienen los trabajadores de cualquier empresa a reunirse, constituir sindicatos y convertirse en una herramienta para la defensa de los derechos laborales. ¿Usted se siente representado por Julio Roberto Gómez? ¿Sabe quién es Miguel Morantes? ¿Le suena el nombre de Domingo Tovar?

Si respondió negativamente a estas preguntas ya vamos allanando el camino sobre la realidad de los movimientos obreros en el país: hay mucho de político y algo de defensa a los derechos laborales. Pregunte en su empresa a quienes ganan el salario mínimo si saben para qué sirven los sindicatos o si pertenecerían a uno. La realidad es triste: aquí no hay cultura sindical. Algunos ‘líderes de los trabajadores’ sólo sirven para criticar las posiciones del gobierno o del empresariado, aunque es cierto que en ciertas situaciones cruciales, como el análisis de la reforma tributaria, no les invitan a participar activamente en su diseño.

No sé qué pensar sobre el salario mínimo por decreto. No sé si ganen o pierdan los trabajadores. Lo que sí es claro es que los sindicatos vuelven a aparecer desorganizados y fragmentados, alejados de las necesidades de los trabajadores y buscando recoger réditos políticos a través de posiciones inamovibles que, insisto, no parecen dignas de agrupaciones dedicadas a armonizar grandes colectividades.

juanpablocalvas@gmail.com

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