Por: Tatiana Acevedo Guerrero

¿Sólo bandidos?

Con entusiasmo han sido difundidas las conclusiones de un estudio de la Fundación Ideas para la Paz, según las cuales los territorios paramilitares coinciden con las zonas en las que ha prosperado el narcotráfico.

Aunque la investigación de Camilo Echandía tiene muchos matices, el reporte que de ella se hace en medios subraya que el motivo contrainsurgente fue “sólo un pretexto para encubrir su verdadero interés: el control de rutas y puertos para la exportación de droga”. Los paras, tituló Verdad Abierta, “siempre han estado detrás del negocio de la coca”. —Se sabía que los paras sólo eran narcos, criminales sin ninguna idea política —opinan emocionados lectores.

Aunque atractiva, la despolitización del paramilitarismo implica riesgos. Al insistir en que el proyecto contrainsurgente fue una fachada pierden contexto los asesinatos de candidatos presidenciales, abogados, congresistas, diputados, concejales, alcaldes, periodistas y miles de militantes de la Unión Patriótica. La presencia del narco no elimina el hecho de que se masacrara siguiendo un perfil preciso, de acuerdo con valores de derecha que castigaban desde el sindicalismo hasta el pelo largo.

Luego estamos ante otro capítulo de revisionismo negacionista. Arrojar luces acerca de la continuidad criminal entre las bacrim y los antiguos paramilitares no debiera ser motivo suficiente para terminar en una caricatura. Ocurre con los paras, ahora, pero también con las guerrillas en el discurso de quienes se esfuerzan por reducir la subversión a narcoguerrilla.

A unos y otros habría que plantearles, de la mano de las más recientes reflexiones de Marco Palacios, que “pese a la contaminación del narcotráfico y la devaluación generalizada de las ideologías políticas, las guerrillas y los paramilitares representan intereses y visiones antagónicas del conflicto”.

 

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