Primer foro sobre inclusión laboral de Best Buddies Colombia

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Por: Álvaro Forero Tascón

Demagogia

Por estar criticando los excesos de la política venezolana, no vemos que la discusión política en Colombia también está afectada por altos niveles de demagogia.

La oposición a la negociación de paz no se está haciendo con argumentos, sino con frases de agitación que buscan atizar los prejuicios, los odios y los miedos de los ciudadanos.

Frases (trinos) que van desde “la paz de Pte. Santos, terrorista Márquez y dictador Maduro”, hasta “la paz con Farc al mejor estilo de Pablo Escobar”, pasando por acusaciones de que se está entregando el país al terrorismo chavista, o que se va a implantar el modelo cubano en Colombia. La argumentación de la oposición sobre el tema de la paz es visceral, a manera de lemas incendiarios y de propaganda de campaña.

No admite hechos elementales, como que es obligación de todo gobierno buscar la paz —y que el anterior buscó secretamente negociar con las Farc—, señalando esa búsqueda como una traición y una entrega al terrorismo. No admite tampoco que después de diez años de presión militar intensa, a costos económicos exorbitantes, las Farc se han reducido, pero encontraron una estrategia de adaptación para neutralizar el avance de la seguridad democrática. Señala al Gobierno de abandonar el apoyo a la seguridad, a pesar de la evidencia: incrementos presupuestales, apoyo al fuero militar, baja de los dos comandantes más importantes de las Farc.

Más adelante, la decisión sobre los acuerdos que se firmen con las Farc les corresponderá a los colombianos, ya sea mediante una consulta popular o un pronunciamiento en las elecciones parlamentarias. Si para entonces la discusión sigue en los niveles de irresponsabilidad en que se encuentra, el país no podrá tomar una decisión razonable, y una de las oportunidades de cambio más importantes de la historia colombiana terminará a merced de las mezquindades electorales. Si se sigue aplaudiendo a la oposición por hacer agitación política —aturdiendo con sus falacias, medias verdades, falsos dilemas, y redefiniciones del lenguaje en torno a la paz—, en lugar de exigirle discutir responsablemente, podemos llegar a que la política descienda a los niveles demagógicos de Venezuela.

Guardadas las proporciones, al buscar la paz Juan Manuel Santos ha tenido que resistir un ataque similar al que tendría que enfrentar Henrique Capriles si llegara a ganar las elecciones venezolanas y pretendiera redireccionar la política más populista del chavismo. Por el estado inicial del proceso, la oposición no ha instigado a los ciudadanos a salir a la calle en contra de la paz y a los militares a mostrar su inconformidad, pero tarde o temprano lo hará. Porque el uribismo nació, creció y pretende perpetuarse con la vieja receta del caudillismo y el populismo latinoamericanos: el odio. Esta vez no contra las clases pudientes, sino contra las Farc primero, contra Chávez después, y ahora contra Santos. En el proceso de paz tienen a los tres reunidos.

Aunque a niveles atenuados y con una dirección ideológica inversa, Colombia no se salvó de la epidemia de caudillismo populista que afecta al área andina desde hace más de una década. Estos y su vehículo —la demagogia— tienden a ser adictivos, y producen síndrome de abstinencia, que es la etapa en que se encuentra Colombia.

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