Por: Tatiana Acevedo Guerrero

El que calla otorga

En 2011 el partido conservador intentó penalizar el aborto. “Seguramente no vamos a encontrar un consenso”, reconoció el presidente Santos cuando se le preguntó por la posición de la bancada de gobierno.

Un segundo después anticipó que este hecho no minaría la cohesión de la unidad nacional. “No estoy de acuerdo con los conservadores”, parecía querer decir. Y: “con los conservadores hay gran cohesión”, parecía afirmar un tanto después. Como digo una cosa, digo entonces otra... y al final no dijo nada.

Frente al matrimonio igualitario se percibe hoy una tibieza similar. “Ojalá la conclusión sea algo que no divida al país y que garantice los derechos de las minorías”, declaró el ministro Carrillo. Me gustaría, pues, que las mayorías queden felices al tiempo que poso de defensor de las minorías. La misma fórmula para decir nada dos veces.

¿Por qué no dar ninguna pelea? Podría pensarse que no les conviene agrietar la mentada unión nacional. Sin embargo, en temas de puestos y paz sí ha habido espacio para la confrontación abierta. Luego el Gobierno simplemente siente que estos “temas” de género u orientación sexual no valen la pena, pues como alguien afirmó, estos no son debates “políticos” (política es la paz, la guerra, las tierras).

Cabe recordar que las relaciones de poder que alimentan cotidianamente discriminaciones por género, orientación sexual, raza o clase social están en la base de cualquier paz, de cualquier guerra. Y que una amalgama que bebe de la Procuraduría, los partidos y la religión organizada sí hace política con estos temas y al mejor estilo de la tradición nacional: con amenazas y sectarismo, si no es que con violencia pura y dura.

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