Por: Columnista invitado EE

“Para el Vaticano es urgente canonizar colombianos”

No sé quién fue la madre Laura. Sé que para el Vaticano es urgente canonizar santos colombianos o van a perder el mercado nuestro a manos de los protestantes, de los que hoy llaman “evangélicos”.

No sé quiénes fueron el padre Marianito ni la madre Laura. Sé que para el Vaticano es urgente canonizar santos colombianos o van a perder el mercado nuestro a manos de los protestantes, de los que hoy llaman “evangélicos”. Y sé quién es Jorge Mario Bergoglio, el que hoy se hace llamar “Francisco”. Uno de los 117 mafiosos que el 12 de marzo se reunieron a puerta cerrada en ese encierro secreto y gangsteril que llaman el “cónclave”, para elegir el papa apostólico, o sea el capo vaticano, a uno de ellos. 

Al día siguiente, 13 de marzo, y tras cinco votaciones, salió él como agraciado. ¿Y por qué se necesitaron cinco votaciones y no una sola? ¿No dizque los inspiraba el Espíritu Santo? ¿Es que el Espíritu Santo (el que salvó dos veces a Uribe de las Farc) también da tumbos de ciego como los humanos? 

Francisco, que debería haberse llamado “Ignacio” pues es de la secta jesuita, la de los lacayos papales fundada por el español Ignacio de Loyola, traicionó a sus correligionarios, tal como entre nosotros el bribón de Santos traicionó al bribón de Uribe, y calculadamente escogió al santo que dizque amaba a los animales. ¡Qué los iba a amar! Los franciscanos, como está en los estatutos de esta orden redactados por su fundador, Francisco de Asís, pueden comer carne todos los días menos los de vigilia. ¡Qué originalidad! 

Y san Francisco decía “hermano lobo”, lo cual está bien pues los lobos son nuestros hermanos. Pero en sus Canticos decía también “hermano Sol” y “hermana Luna”. ¡Cómo van a ser nuestros hermanos el Sol y la Luna, que son cuerpos inertes! Considerarlos hermanos nuestros es una cretinada de hippie marihuano. 

Cuando estuve en Buenos Aires promoviendo La puta de Babilonia, en todas las entrevistas que le di a la prensa invité al cardenal Bergoglio a un debate público conmigo a ver si el prontuario que le levanté a su Iglesia en ese libro eran calumnias mías. No aceptó entonces, ¡va a aceptar ahora! Ni se dio por enterado. 

Así que a seguir pues, Bergoglio, la senda del impostor Wojtyla, el canonizador de la mano suelta que canonizaba calculadamente para sacar provecho en cada ciudad o país de cada nuevo santo. Va aprendiendo muy bien la lección el lavapatas de ahora. Que se dedique a probar la bondad de Dios y la existencia histórica de Cristo, que son como telarañas pegadas del vacío.

Fernando Vallejo* Escritor anntioqueño

 

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