Por: Carolina Botero Cabrera

Borrón y cuenta nueva

Las excepciones y limitaciones planteadas en el proyecto de ley 001, conocido también como Lleras 3 o ley de parodia, son indispensables y urgentes, pero fue la estrechez de su mirada la que justificó el entierro de quinta que tuvo esta semana. Sobre este tema, tener una ley parcial e incompleta es más grave que no tenerla.

Las críticas de diversos sectores al proyecto, que buscaba incorporar nuevas excepciones al sistema de derecho de autor, se desbordaron al sumarse los parodistas, pero el tiro de gracia fue el tuit del ministro Carrillo, que desconoció el estrecho acompañamiento dado por la Dirección Nacional de Derecho de Autor (DNDA) en la escritura del proyecto. El representante Posada se sintió solo y lo retiró. Como responsable del sector, la DNDA debería articularlo, pero se resiste a reconocer los cambios que ha sufrido, ignora críticas y no tiene estrategia para convocar a todos los actores, así han perdido dos años de implementación del TLC.

Sí, hablo de TLC, pues aunque se presente como aislado, el proyecto es parte de su implementación. En la publicación Inside US Trade (http://insidetrade.com/) del 25 de abril se lee que el proyecto servía para aceitar el paso en el Congreso de los compromisos pendientes sobre responsabilidad de proveedores de internet y temas de derecho de autor (Lleras 1 y 2). Debía persuadir a congresistas reacios, eso explica por qué no se molestaron en socializarlo previamente y que la idea era mantener su alcance en mínimos. Era un contentillo.

Las presiones seguirán, pues el retiro del proyecto coincide con el vencimiento del plazo para implementar el mecanismo de limitación de responsabilidad de proveedores de internet (Lleras 1) sin que tengamos siquiera texto para discusión con la sociedad civil. En un año preelectoral y con otros plazos de implementación de TLC ya vencidos, dice el periodista de esa publicación gringa, el Gobierno presentará nuevamente la ley Lleras para aprobación expedita en el Congreso. Mi consejo es que el Gobierno adopte como nueva máxima “Vamos despacio que estoy de afán”, tome impulso y empiece por donde toca, con un proceso amplio y participativo que evite los errores identificados.

 

*Carolina Botero

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