Por: José Fernando Isaza

El dilema

Las evidencias muestran, que lo que está pasando en la política colombiana es cierto y no se trata de un sofisticado montaje para eliminarle a la izquierda cualquier posibilidad de éxito electoral.

La oposición a un gobierno de centroderecha está hoy a cargo de la más recalcitrante extrema derecha.

El espectro político está copado por fuerzas complementarias y no antagónicas. El primer opositor del actual gobierno fue su principal elector; el segundo opositor es su primo doble.

La izquierda democrática trata de unir esfuerzos para ofrecer al electorado una alternativa diferente a las dos visiones del neoliberalismo, la versión guerrerista y otra más moderna. No se vislumbra un candidato con posibilidad de triunfo. En muchos casos el discurso es coherente, la participación en el Congreso es valiente y arriesgada, como lo hace Iván Cepeda. Los efectos colaterales negativos a la producción nacional causados por los tratados de libre comercio fueron y son analizados por Jorge E. Robledo. Del Partido Verde, que no un movimientos de izquierda, subsisten Ángela M. Robledo y John Sudarsky como voceros de un pensamiento crítico; los restantes fueron convenientemente cooptados por la Unidad Nacional. No se vislumbra una “ola verde” que pueda seleccionar un candidato con posibilidad de éxito. La izquierda, como la propaganda de Emulsión de Scott, debe cargar con el bacalao de los últimos alcaldes de Bogotá.

Un ciudadano afronta el siguiente dilema: apoyar a un candidato de la extrema derecha uribista, con el riesgo de repetir en Colombia lo sucedido en Rusia con Putin y Medvedev: Putin gobernando, unas veces directamente y otras con Medvedev actuando como un títere. Es revivir los asesinatos fuera de combate justificados por el jefe de Estado con la lapidaria frase “esos jóvenes no propiamente estaban recogiendo café”; es la violación a la privacidad de quienes no son afectos al uribismo; es nombrar en los más altos cargos de seguridad del Estado por sus prontuarios y no por su hoja de vida; es revivir la época del todo vale para la obtención de sus deseos; es ver los derechos de las minorías conculcados con la teoría fascista y stalinista del “Estado de opinión”; es realizar reformas tributarias para disminuir los impuestos a los sectores más boyantes, lo cual anuló los beneficios fiscales del boom minero. El embate contra la independencia de los poderes no se haría esperar; se volvería a tratar de crear un sistema similar a una dictadura electoral. El país tiene tendencia hacia la derecha; ojalá no sea tan fuerte que reviva esos oscuros años.

Si el presidente decide no ir a la reelección, su candidato puede ser derrotado por un candidato uribista. Si va, tiene muchas posibilidades de derrotar al candidato del Centro Democrático (este nombre no es un chiste, así se llama el partido de extrema derecha, en el cual la democracia no parece ser su objetivo). Para un ciudadano, la escogencia entre Santos y el candidato títere del uribismo puede considerarse como la selección del menor de los males, difícilmente como el mejor de los buenos.

Para quienes plantean un país más moderno, que cumpla, al menos, con la Constitución del 91, en la separación de la Iglesia y el Estado y los derechos mínimos de los ciudadanos, los candidatos anteriores no lo garantizan, pero ¿habría posibilidad de una tercería progresista?

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2013-05-29T22:56:09-05:00

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