Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Gestión pública y privada: invierno y emergencias

Año tras año vuelve el invierno, y con él los daños, la destrucción y las múltiples emergencias.

Tan recurrente es el fenómeno que la Presidencia de la República creó una oficina llamada Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UGRD), encargada año tras año de hacer el inventario de desastres y atender, en la medida de sus posibilidades, a los afectados. Hasta el domingo pasado se decía que había 140.000 personas afectadas, 700 viviendas destruidas y otras 14.000 viviendas afectadas. En términos de infraestructura se habían registrado 160 vías, 29 puentes vehiculares y 33 acueductos dañados. Sin duda, la UGRD será protagonista de la vida nacional y tendrá gran presencia en los medios de comunicación las próximas semanas.

Durante la emergencia, al igual que en los años anteriores, se dirá que debe mejorar la gestión ambiental de las entidades públicas y se señalará a algunas entidades ineficientes que sin duda podrían estar haciendo las cosas mejor. Con los recursos existentes deberíamos ser capaces de hacer una mejor gestión ambiental y evitar que el invierno nos tome de nuevo “con los pantalones abajo” y con las cuencas desnudas. Año tras año volvemos a decir y hacer lo mismo y esperamos que el resultado cambie. Algo tenemos que hacer distinto. Recordemos la trillada y reconocida frase de Albert Einstein: “La locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”.

Lo grave es que hacemos lo mismo y los resultados sí cambian: cada año el país es más vulnerable y el impacto del invierno es peor. Hoy, ante condiciones climáticas similares, los impactos son mayores. El país cada día está más poblado; cada año su paisaje soporta más infraestructura y vivienda y, simultáneamente, sus cuencas sufren mayor destrucción. Adicionalmente, con el cambio climático los fenómenos son cada día más extremos; las lluvias están más concentradas en períodos cortos y de mayor intensidad. Esto genera mayores crecientes, deslizamientos e inundaciones.

Según informe de Naciones Unidas y el Ministerio del Medio Ambiente (2012), Colombia es el tercer país más vulnerable del mundo frente al cambio climático. Donde antes, con un deslizamiento, se perdían unas matas de café, ahora se arrastra una vivienda. Donde antes, tras la creciente, no se podía pasar a caballo, ahora el agua se lleva un puente. Donde antes las lluvias llevaban las ciénagas a recuperar el 100% de su superficie original, hoy se inundan grandes zonas que incluyen poblados y cultivos agrícolas. Las zonas de los reguladores hídricos naturales de los ríos están invadidas o destruidas.

Es necesario cambiar. El gobierno central no puede seguir reduciendo el presupuesto del Sistema Nacional Ambiental —este año lo redujo en más de un 30%—. Se debe ajustar el diseño de las carreteras y puentes, manejar mejor sus drenajes y proteger sus perímetros con bosques que estabilicen los taludes. Desde la sociedad civil es indispensable que cada uno aporte desde su espacio y comportamiento. No construyamos viviendas ni universidades en zonas de vulnerabilidad. No destruyamos el bosque. Recuperemos las rondas de las quebradas en cada predio. Cumplamos y hagamos cumplir la legislación ambiental.

Entidades públicas y sector privado debemos cambiar de actitud si no queremos que año tras año se repita la misma locura y las lluvias generen cada día mayores desastres.

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2013-06-04T23:40:26-05:00

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2013-11-04T05:54:05-05:00

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