Por: Jaime Arocha

Campos de concentración indocumentados

El 19 de junio de 2013, El Espectador informó: “La plenaria del Senado aprobó en último debate el polémico proyecto de ley que establece la normatividad en relación con el llamado ‘patrimonio cultural sumergido’”.

 Cazatesoros gringos usarán aspiradoras para extraer para sí monedas y lingotes en caso de estar duplicados. Al mismo tiempo, los arqueólogos quedarán imposibilitados de reconstruir el horror de aquellos campos de concentración flotantes hoy hundidos. En sus bodegas, mezclados con sus propios excrementos, mujeres y hombres encadenados fueron forzados a atravesar el Atlántico desde el occidente y el centro de África. La Silla Vacía recogió otras críticas de los expertos, quienes aspiraban a contar con la solidaridad de la dirección del Instituto Colombiano de Antropología e Historia. A ese anhelo lo contradecía la evidencia histórica de que la crisis de hoy replicaba la que tuvo lugar en 1979 con la alianza entre Gloria Zea y Álvaro Soto Holguín. Para ese entonces, a la directora de Colcultura le urgía que el Icanh apoyara su promoción de la ópera, en tanto que Soto aspiraba a la inmortalidad creando el Machu Picchu colombiano. Llamó Ciudad Perdida al sitio que los arqueólogos habían distinguido como Buriticá 200; reemplazó las exploraciones que ellos hacían en la Sierra Nevada de Santa Marta por una reconstrucción arquitectónica que violaba la sacralidad con la cual los ancestros de los indígenas de hoy habían dotado a esas terrazas y templos. Reclutó adherentes tomándose la jefatura del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes, en tanto que restringía los fondos para las estaciones de investigación del Caribe, Arauca y La Pedrera. Del inconformismo de sus directores —Nina S. de Friedemann, Francisco Ortiz y Martín von Hildebrand— tomó nota la senadora Alegría Fonseca, quien realizó un debate en la Cámara de Representantes. Sin embargo, Soto decapitó esa disidencia, siguiendo la lección que 20 años antes la hegemonía conservadora del mismo Icanh había dado al expulsar a Milcíades Chávez, Virginia Gutiérrez de Pineda y Roberto Pineda Giraldo.

Hoy la creación de un sitio turístico de atractivo global gira alrededor de San Agustín, porque se cumplirá un siglo desde que las investigaciones del alemán Konrad Preuss inscribieron a este parque en el registro arqueológico mundial. Como ayer, hoy la belleza de la estatuaria monopoliza la promoción patrimonial. Inclusive habrá un concierto en el Alto de Lavapatas. Se dice que Beethoven dominará el escenario, pese a que la música de carrilera es la preferida por los indígenas yanaconas asentados en los alrededores del parque. Eso sí, hoy tiene lugar una conducta impensable para Soto Holguín: vestirse con foulard al cuello, prender una pipa de tabaco aromático, servirse un vino tinto, y posar frente a una videograbadora para demostrarle a la audiencia de Youtube quién ha sido el más joven doctor de la escuela parisina de sociología y cómo habla de bien francés. De Soto no se conocen disfraces de intelectual. Por su linaje esclavista no tuvo que grabarse los ademanes de la aristocracia, pero como el inmortalizable de hoy, pugnó por los réditos en oro que hacen posibles los patrimonios culturales.

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