Por: Gustavo Gómez Córdoba

Columna de mala leche para gente cultivada

CUANDO ME TOMO UNOS TRAGOS suelo no acordarme de los amigos. Y no lo hago porque uno bebe para olvidar —nunca para recordar— y porque bebo con los amigos.

Sucedió que hace unos días, bebiendo, hice caso omiso a estos argumentos y me acordé de mi amigo Antonio García (que no es el Antonio García que ustedes y los señores del DAS piensan que es). Y más que de él, me acordé de una columna suya titulada ‘Bífidus activos’. Sostenía allí el escritor que las etiquetas de muchos productos alaban las bondades de elementos que todos terminamos consumiendo sin saber realmente qué son. Lo que tomaba cuando me acordé de García no era Ron Viejo de Caldas, aclaro, sino un producto de Alpina que tiene el nombre más enredado que la lengua de un gago: Néctar Frutto con vitalis.

La etiqueta de la bebida dice que el vitalis se llama en realidad inulina y que la inulina es un prebiótico que, “si se consume frecuentemente junto a una adecuada alimentación, (…) promueve el crecimiento de bacterias benéficas intestinales”. Yo, que sin entender del todo lo que me estaba metiendo al cuerpo había aceptado hace unos años la invasión probiótica, me vi ahora enfrentado a los prebióticos. Lo digo porque en las neveras de los supermercados reposan ejércitos de jugos y lácteos dispuestos a dejar al Frutto de esta historia casi en el nivel de principiante (y eso que Frutto está, además, libre de grasas trans… pero esa es harina de otro intestino).

Alpina ofrece Regeneris, un yogur con cultivo que incluye Bifidobacterium lactis BB12 más fibra y que se anuncia como un producto pro y prebiótico, con lo que se resuelve la disyuntiva de si uno debe optar por ser pro-activo o pre-venido. Danone, con el respaldo de Alquería, presenta Activia, alimento lácteo fermentado con actiregularis, un “exclusivo cultivo lácteo” que promete regular la función intestinal en sólo dos semanas y del que, por si las moscas, hay sabor a la muy efectiva pitaya. Yox es el campeón de los números, pues “es la única bebida con 1.000 millones de sus (no menos) exclusivos defensis” (cultivos Lactobacillus gasseri y Lactobacillus coryniformis) y con la gran virtud de estar acidificada. De ahí en adelante, hay de todo: Nutriday con su cultivo Nutriplus, Algarra Bio descremado con probióticos y fibra (3%), el yogur Original con Vio Bitos (cultivos l. casei y l. acidophilus) que regeneran la flora intestinal… y un largo etcétera del que concluyo —muy diferente a ocluyo— lo siguiente:

1. Defecar es, como nunca antes, escenario de acción para la ciencia.

2. Para tomar jugos y bebidas lácteas hay que dominar los rudimentos del latín. Indocti discant, et ament meminisse periti.

3. Como en el caso del Gobierno colombiano y las Naciones Unidas, cada quien tiene su concepto de la dimensión de los cultivos.

4. La simple leche de vaca está más de capa caída que el pobre Lecompte.

5. El yogur dejó de ser un placer para convertirse en un regulador intestinal. Cosa, supone uno, muy útil en este país donde todos los generadores de opinión hablan de “luchas intestinas”.

No ignoro que estas apreciaciones serán difícilmente digeridas por los ejecutivos de Alpina, Danone, Alquería y Algarra, quienes, en cartas a la dirección del periódico, estarán más o menos de acuerdo en lo mismo: ¡esta columna es una cagada! Aceptado, pero ¿una cagada probiótica o prebiótica?

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Otra cosa: Íngrid debe quedarse en Europa, en Francia, explicándoles desde allí a los ‘oenegeros’ de los países nórdicos y de los Países Bajos lo bajos que realmente son estos guerrilleros nuestros que ellos insisten en graduar de libertadores. Parafraseando a este periódico en su edición del domingo pasado: “Si no es Íngrid…”. ¿Quién? ¿El discreto embajador Cepeda? Ha de estar impedido por la magistratura de su hijo, pues no se le oye mucha fuerza en la voz. Así de lejos está París.

 

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