Por: Cartas de los lectores

Columna decisiva

Luego de las columnas antológicas de Julio César Londoño en El Espectador (06.02.15) y Antonio Caballero en la última edición de Semana sobre Uribe, su columnista Cristina de la Torre pone este martes los puntos sobre las íes: las actuaciones del expresidente, además de violatorias de los presupuestos básicos de un régimen democrático, son abiertamente criminales; abundan las pruebas (caso DAS, para no citar otras).

Ya ha llegado el momento —digo yo— de dejar de tratarlo como un simple opositor político al que, además, se le atribuye el estatus de gran estratega y estadista. Por tanto, a sus actos pasados (ya conocidos), así como a sus declaraciones y jugadas políticas e ideológicas actuales, debe otorgárseles el espacio que merecen, que debe ser mínimo. Ampliemos el de la pedagogía democrática. Necesitamos con urgencia una ética en el ejercicio de la política y la ciudadanía, sobre todo ante una deseable situación de no conflicto y de oposición democrática. Es el momento de enfrentarlo, de ponerlo en su sitio, de reducir su influencia en la mente de los colombianos, antes de que arrasen —él y su cohorte— con el proceso de paz y se aleje la posibilidad de un futuro más civilizado y menos sórdido para los colombianos.

Néstor Miranda. Bogotá.

Los ex-DAS

La sociedad y el país no les están pidiendo a los exfuncionarios del DAS perdón y excusas por lo que hicieron bajo su competencia, sino firmeza, carácter y lealtad, a costa de su propia suerte personal y profesional. No existe la menor razón para que las pesquisas adelantadas por María del Pilar Hurtado, que le han costado injustamente la privación de la libertad, y a otros altos funcionarios a quienes les judicializaron las funciones para las cuales fue creado el organismo de inteligencia, sean consideradas de ilegales, en circunstancias que resultaron felices para la sociedad y de desdicha para quienes resultaron sorprendidos en sus indecentes andanzas y francachelas con los mafiosos y delincuentes, como en efecto sucedió con Giorgio Sale y Ascencio Reyes, quienes entraban y salían de alguna de las cortes “como Pedro por su casa” y de cuyos registros electrónicos no quedó ni rastro.

La lógica debe conducir a que más de 7.500 exfuncionarios del DAS con sus familias se declaren como verdaderas víctimas por la campaña de desprestigio, estigmatización y satanización que se ha venido haciendo de ellas, por cuenta de un reducido grupo de exfuncionarios que han observado una posición pusilánime, entreguista y cobarde.

Carlos Arbeláez García.

Presidente, Asociación Colombiana de Exdetectives del DAS.

Envíe sus cartas a [email protected]
 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cartas de los lectores

Universidades: más allá de la acreditación

Tres cartas de los lectores

Las pibas y el aborto