“Haremos cercos epidemiológicos en algunos barrios de Cartagena”, Duque sobre la COVID-19

hace 4 horas
Por: Julio César Londoño

Columnas hiperestésicas

El último número de la revista Arcadia trae dos columnas demasiado correctas, políticamente hablando.

La primera es el editorial, que fustiga al diccionario de la Real Academia Española porque en la quinta acepción de la entrada “gitano” pone: “persona que engaña mediante astucias, falsedades y mentira”. Como si fuera poco, la quinta acepción de la palabra “judío” dice: “persona avara o usurera”.

La comunidad judía no ha dicho nada (para no gastar minutos, seguramente), pero la Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad protestó airadamente por esa “definición discriminatoria” y amenazó con llevar el caso al Tribunal Internacional de Estrasburgo. Arcadia se une al clamor gitano: “Una vez más parece que las minorías son tratadas con cierto desprecio ante sus críticas”, dice el editorial con redacción vacilante, farragosa y sic.

La RAE contestó que seguirá, como desde hace tres siglos, “recogiendo el repertorio más fiel posible de las palabras que los hispanohablantes usan de manera libre y espontánea, en todas sus acepciones”. Aprovecho para sugerir un concurso para acuñar una palabra que reemplace a ciertos armatostes ortopédicos, v. gr. “hispanohablante”.

Sin embargo, y preocupada por las amonestaciones de Arcadia y los gitanos honrados (una disidencia descarriada), la RAE promete que en su próxima edición el diccionario incluirá “alarmas”, palabras en rojo y mayúsculas fijas para advertir al lector que está frente a acepciones prejuiciadas. Ejemplo: “PARAMILITAR. Col. Despect. Presunto soldado mercenario que incurrió, con fines quizá patrióticos, en operativos un pelín radicales…”.

Yo creo que debemos corregir nuestros prejuicios, no los diccionarios. La fiebre, ya lo dijo el tío de Sócrates, no está en las sábanas. Si la RAE excluye las quintas acepciones de gitano, judío, pastuso, gallego, nazi, fariseo, provinciano, etc., se agota la tinta roja en el mundo y los jóvenes no entenderán algunos modismos, como este aforismo del judío Woody Allen: “No todas las judías son madres, pero todas las madres son judías”.

La segunda columna es de Carolina Sanín, que protesta por Radar Soho, una aplicación para iPhone que permite “reportar y localizar viejas buenas en cualquier lugar del mundo, y clasificarlas en tres categorías: aguanta, buena y muy buena”.

Sanín —una señora que aguanta, por cierto— no entiende “cuál es la gracia de un juego que no conduce a la satisfacción sexual ni a la prolongación del goce estético”. No entiendo por qué no entiende, si es claro que la aplicación conduce directamente al goce estético y, con un poco de suerte, a la satisfacción sexual.

“Desde luego, no es una exhortación explícita a atacar a la mujer —concede la taimada columnista—... pero sí a la fantasía de acorralarla entre varios”.

“En esta sociedad machista el hombre basa su autoestima en su capacidad para seducir y burlar mujeres” (nótese la influencia del ranchero estilo de La hija de nadie).

“… es una especie de avistamiento de mujeres como si de animales exóticos se tratara”. Tiene razón en su sinrazón: las mujeres son animales —todas, las feas y las bellas— y las bellas son exóticas, es decir, escasas. De ahí su enorme capacidad de perturbación.

Soho debería regalarle un Radar a esta columnista que odia a las feas, en particular “a las gordas con rayitos y pinta de morcilla, embutidas en botas y pantalones ceñidos”, y que no soporta la estupidez de la especie humana en general, como explicó a sus lectores cuando abandonó la ciudad y su columna en El Espectador. Aunque entonces no vimos clara la relación entre El Espectador, las gordas y el CI de la especie, ahora vemos cuán profundamente la humanizó el retiro.

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