8 Aug 2021 - 11:48 p. m.

Dani Alves

A sus 38 años, Dani Alves celebró el fin de semana junto a Brasil la obtención del oro olímpico, el título número 44 de su carrera. Al paso que va, se retirará con más títulos que años de edad. Cuando le preguntan por eso el lateral derecho responde que no se siente viejo, que seguirá dando guerra y que “los buenos rockeros nunca mueren”.

Pero Alves no es el típico brasileño que descresta por su juego en el frente de ataque con gambetas deslumbrantes y magia permanente, como Ronaldinho, Neymar y tantos otros que han marcado el estilo del fútbol de ese país.

Por el contrario, siempre estuvo, desde su banda derecha, a la sombra de figuras como Messi, Iniesta o Ronaldo. Sin embargo, desde ahí sus números en términos de balones recuperados, pases decisivos, regates bien ejecutados o ejecuciones de media distancia siempre fueron sobresalientes.

Pero a este tipo de futbolistas hay que medirlos por algo más relevante que lo cuantitativo. Alguna vez comentó que tuvo una discusión con Guardiola en el Barcelona. El entrenador le reclamaba que sus pases no iban hacia el interior, como le gustaba a él para que desde ahí se iniciaran las largas posesiones que caracterizaron a ese maravilloso equipo culé. Alves, en cambio, hacía más pases hacia los extremos por las bandas. “Yo con mi pase me conectaba mucho con Messi. Pep me reclamaba otra cosa y yo hablaba con él. Le dije: ‘No, mister. Disculpa, pero si Messi se pasa dos minutos sin tocar la pelota se desconecta del partido. Entonces si él se desconecta cómo va a estar preparado para definir en el partido’. ‘Tienes razón’, me respondió Guardiola”, la anécdota fue contada por el propio Alves hace un par de años al canal Globo Sporte.

Lo anterior para significar que son muy pocos los futbolistas que definen la inteligencia de juego con sus ejecuciones. En tiempos en que los movimientos son memorizados y automatizados, carentes de sorpresa y obedientes al pie de la letra según las indicaciones del entrenador de turno, Dani Alves es una ilustre excepción.

Sin escándalos afuera de la cancha, extraños peinados ni guayos de colores, Alves ha sido un líder natural para sus compañeros. Pero lo hace desde lo orgánico, él es simplemente un enamorado del juego.

Si Brasil quiere pelear por el título en Catar como lo exige la historia, tendrá que rezar más para que Dani Alves llegue a punto que para que Neymar lo haga. En la pasada Copa América se demostró que no ha nacido su remplazo para el fútbol.

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