11 Jun 2021 - 3:00 a. m.

Los jóvenes y las tenazas históricas

Arturo Guerrero

Columnista

La Colombia del siglo XXI tiene déficit de conocimiento sobre las barbaridades internacionales del XX. Quienes estrenarán cédula en las siguientes elecciones presidenciales llegaron a este mundo entre pantallas instantáneas sobre el presente. Pero ignoran todo sobre el cercano pasado.

Se anuló o precarizó la enseñanza de la historia. Se banalizó lo real, al tiempo que se facilitaron los viajes a todos los continentes. Los hijos de papás pudientes hablan con fluidez el inglés y desconocen quiénes fueron Trotsky o la Thatcher. Son recién llegados a un escenario sin espejo retrovisor.

La semana pasada, en un panel del gremio de pensiones, un invitado internacional arrancó aplausos por sus posturas sobre democracia y populismo. Enrique Krauze (1947) es ingeniero e historiador mexicano, descendiente de judíos polacos que huyeron de Hitler. Fue el segundo de la insigne revista Vuelta, de Octavio Paz, luego de la cual fundó y dirige Letras Libres. Ha publicado decenas de libros y sostenido centenas de controversias políticas.

Reporta El Espectador del domingo anterior que “fue muy relevante para Colombia lo que Krauze indicó”. Y resume: “la historia del siglo XX, en particular la derrota del nazismo-fascismo y el desmoronamiento del comunismo deben ser mucho más estudiados por las generaciones que cada vez cobran más espacios en la política”.

“Si no sabemos lo que fueron esos regímenes en términos de libertades y democracia y los inmensos daños que provocaron en las democracias más estables y consolidadas de Europa, por ejemplo, estamos condenados a que se vuelvan a reeditar bajo el ropaje del populismo”.

Krauze es un critico del poder, en especial del presidencial y sus abusos. La presidencia imperial es el diciente título de una de sus obras. Biógrafo de los mandatarios mexicanos del XX y de los caudillos de la revolución de su país, aguijonea por parejo a los neoliberales corruptos y a los dogmáticos marxistas. No come entero, es un hombre incómodo para todos.

No solo se fija en las ideas políticas de los gobernantes. Escarba en su sicología y rasgos de personalidad, un territorio muchas veces juzgado como sin relevancia a pesar de que en él hunden raíces aquellas tendencias imperiales y populistas.

Los casi 50 precandidatos presidenciales colombianos crecieron en la segunda mitad del XX. Era la Guerra Fría, cuando los botones nucleares de Washington y Moscú estremecían al globo. No obstante, ni los incondicionales del capitalismo ni los áulicos del comunismo se han latigado en público por su devoción hacia el neoliberalismo o su militancia en la dictadura del proletariado.

Desde ninguno de estos bandos se oye tampoco la crítica de las armas. Tanto el nazismo de Hitler como el despotismo de Stalin se edificaron gracias a un militarismo de hierro. Las escuadras alemanas, derrotadas por los aliados con participación decisiva del Ejército Rojo, aplastaron por parejo la humanidad en el planeta.

Es inadmisible que los jóvenes de hoy se dejen encerrar, por ignorancia, entre estas dos tenazas históricas.

arturoguerreror@gmail.com

Comparte:

Regístrate al Newsletter de hoy

Despierta con las noticias más importantes del día.
Al registrarse, acepta nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
X