27 Jul 2021 - 5:00 a. m.

Carta a Drezner

Soy Camilo Vaughan, compositor, musicólogo de breve pero fructífera trayectoria y bisnieto de Guillermo Uribe Holguín. Me tomo el atrevimiento de escribirle esta carta a Manuel Drezner tras leer su nota en El Espectador sobre mi bisabuelo, para hacerle saber mis paradójicas impresiones al respecto. En primer lugar, quiero agradecerle que se tomara el tiempo y el trabajo de recordar en una plataforma de la importancia de El Espectador a un personaje tan trascendental en nuestra historia de la música y en la construcción del canon de la música académica colombiana. Creo que su publicación es un aporte modesto para lo que merece su obra, pero no se puede culpar de la omisión a uno de los pocos que han hecho algo por recordarla y reconocerla en el aniversario de su muerte, por lo que aplaudo enérgicamente su iniciativa.

Sin embargo, debo confesar que me sorprendió, especialmente viniendo de su pluma, encontrarme con la afirmación que incluyó al final de la nota y que a continuación transcribo: “Por tanto, la obra de Uribe Holguín, siempre correcta, a pesar de no significar ningún avance musical, en sí misma fue meritoria y se escucha con interés”. Desafortunada afirmación que desconoce la música del compositor y pareciera sugerir que no está mal, pero tampoco aportó nada significativo, cuando es indudable que lo hizo. Su música se articula con un movimiento amplio que se estaba dando en toda América Latina en la primera mitad del siglo XX, cuando los compositores formados en París regresaron a sus respectivas naciones a construir, a partir de la estética del impresionismo musical —estética hegemónica en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX en Francia—, una tradición instrumental, sinfónica y vocal que dialogaba con todo el mundo occidental. Las propuestas producto de este movimiento resignificaron, a través del prisma de cada una de las tradiciones a las que pertenecían los estudiosos del sur de América en París, el estilo del impresionismo (y en algunos casos de otros movimientos como el expresionismo) para impulsar un modernismo latinoamericano que no se ha terminado de entender, pero que sin duda sucedió. La obra de Uribe Holguín hizo parte de eso y además fue pionera en el indigenismo sinfónico colombiano, así como en el desarrollo de los ritmos nacionales con propuestas armónicas, métricas, rítmicas y tímbricas sin duda avanzadas; aporte avanzado y original desde toda perspectiva.

Espero que esta carta llegue a sus manos y que la entienda como un esfuerzo por algo que, según entiendo, es también su intención: aportar a la valoración real de esta importante figura de nuestra tradición musical e intelectual en Colombia. Si le sirve de algo, o le interesa responder a esta carta, no dude en contactarme al correo electrónico que encuentra bajo mi firma.

Con un cordial saludo y profunda admiración por su trabajo,

Camilo Vaughan.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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