15 Sep 2021 - 3:00 a. m.

Dos cartas en memoria de Antonio Caballero

A Antonio Caballero (I)

No hace ni 15 días que escuché la última columna de Antonio Caballero en Los Danieles. Un poco escaso de voz, pero claro, preciso, lúcido, nos regaló otra de sus magníficas columnas. Y luego me llegó, casi como un susurro, la noticia de su muerte. Mi esposa, a mi lado, en el otro computador, me transmitía la noticia: ha muerto Antonio Caballero.

Tal vez por el ambiente que hemos vivido y seguimos viviendo, en el que como en un frente de batalla todos los días sucumben en la lucha personas y personajes, no me impactó tanto la amarga noticia. Antonio Caballero se veía vivo, activo, pensante, siempre implacable en sus análisis, argumentos y conclusiones.

Estuve esperando un tiempo a que editaran su libro Historia de Colombia y sus oligarquías en un formato de bolsillo y no con esas pastas blancas con letras doradas, que más parecía un libro de regalo de primera comunión. Pero como no llegaba esa edición, compré la que había. Una historia viva, comprometida, bien documentada y siempre condimentada con el picante del escritor que nunca se queda indiferente frente a los hechos, sino que los juzga, los pone en la perspectiva crítica de un lector moderno, convierte en historia apasionante la que para la mayoría de historiadores es historia pasada. ¿Y qué decir de los dibujos con los que ilustra la narración? Originales, agudos, como extraídos del mejor cómic sobre el discurrir de la vida política colombiana.

Profundamente originales, en las ideas y el estilo, sus columnas fueron durante muchos años ejemplo de honestidad intelectual, independencia crítica y del lenguaje menos políticamente correcto que se pueda pensar. Como dicen en España, no se casaba con nadie.

Caballero nos dio en el título de su única novela publicada un diagnóstico sombrío, pero afirmado en el profundo conocimiento que poseía de la realidad social y política de Colombia: Sin remedio. Ello, aclarado en dos sentencias que nos ponen a pensar con profundo desasosiego: en Colombia, cada presidente es peor que el anterior. Y la otra: en Colombia nada ha cambiado desde el siglo XVI.

Me hago una última pregunta: ¿cómo se puede querer tanto a una persona sin conocerla?

Francisco Tostón de la Calle.

A Antonio Caballero (II)

“Hoy estoy sin saber yo no sé cómo, hoy estoy para penas solamente”. Miguel Hernández.

Se murió Antonio Caballero y por eso estoy así como dice el poema en el inicio de este escrito. Dicen los mexicanos, según su tradición, que las personas no mueren sino cuando las olvidan. Si eso es cierto, Antonio Caballero nunca morirá en mi corazón. Pero qué falta me van a hacer sus comentarios sabios sobre cultura, la realidad del país, sus políticos y su historia. Qué falta me van a hacer su ironía y su humor sarcástico, que disfrutaba infinitamente. Si se me permite la comparación simple, es como si alguien cercano, quizás un familiar, muere y vamos al lugar en donde solíamos encontrarlo: ese lugar ahora está vacío y al mismo tiempo lleno de su ausencia. Así mismo voy a encontrar el lugar en donde últimamente podía leerlo. Por eso digo con el poeta Miguel Hernández, sin poder evitar las lágrimas: “Siento más tu muerte que mi vida”.

Clara Sánchez.

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