30 Jul 2021 - 3:00 a. m.

Flores para Algernon

“Habían fingido ser genios. Pero eran simplemente hombres ordinarios que trabajaban a ciegas, fingiendo ser capaces de traer luz a la oscuridad. ¿Por qué todos mienten? Nadie que conozco es lo que parece ser”. Daniel Keyes.

Es en el pasado donde encontramos normalmente las respuestas a nuestro futuro. Si bien somos constantemente persuadidos por lo abstracto del libre albedrío, la realidad es que la mayoría de las oportunidades que tenemos se dividen fácilmente en dos: tomar un gran riesgo o la seguridad de un presente cierto. Un presente tal vez con más dificultades pero que ofrece situaciones familiares, rodeados de aquellas personas cercanas que bien o mal tienen un actuar predecible. Un presente que no es mejor, un presente que es estacionario, un presente que asegura el mismo futuro.

Es fácil imaginar un golpe de suerte, que no existe, fama y dinero en corto tiempo, la idea del millón de dólares. Con franqueza, el futuro es cada vez más incierto, macabro, mezquino, fraccionado para los que tienen menos oportunidades en Colombia. Un país desigual, donde la lotería de la vida define si se nace en un estrato social adecuado para el éxito o, por el contrario, para una vida de desgaste.

El teatro del Congreso en las votaciones del pasado 20 de julio es una vez más un ejemplo de la sordidez de los políticos. La mayoría de los representantes del pueblo toman como pánfila a la sociedad, le mienten y siguen como si nada. Deberían ser ellos los adalides del cambio, llamar la atención al simple hecho de que la movilidad social en Colombia es casi nula, que las oportunidades de un colombiano para mejorar su situación socioeconómica en comparación con sus padres son muy limitadas… se vale soñar.

La educación es una condición fundamental para este movimiento, ofreciendo un mayor acceso a oportunidades laborales con una remuneración que permita saltar las barreras propias del presente. Sea a nivel universitario o técnico, los roles de la sociedad profesional se fundamentan en tecnologías de la información. La segunda condición para la movilidad social es la existencia de las oportunidades laborales, que permita a los estudiantes graduados ingresar a la población profesional de manera oportuna.

El Gobierno, en cabeza del presidente (nos guste o no) tiene la responsabilidad de impulsar programas que estimulen la economía y la educación. En corto, al Gobierno le pagamos oportunamente para que desarrolle e implemente estrategias que mejoren o en el peor de los casos mantengan un nivel de vida respetable para todos los ciudadanos. Un trabajo que hay que reconocer no es fácil, por la navegación obligada en el mar de corrupción colombiano.

Igual, la situación de hoy en día continúa siendo paisaje. Una realidad cómoda para pocos y la constante erosión de vivir para muchos. La economía naranja no arranca, por el simple hecho de no tener una fundamentación en la educación; no hay claridad sobre cómo Colombia pasará de ser un país agrario y con algunos bancos a una potencia de emprendimiento. Se necesitan eslabones intermedios, se necesita una mayoría en el Congreso que sí quiera cambiar.

Juan Isca.

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