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25 Nov 2022 - 5:00 a. m.

Obstáculos en el camino del cambio

En sus columnas de opinión para El Espectador del lunes 7 de noviembre, Salomón Kalmanovitz (“Crecimiento y ciencia”), Indalecio Dangond (“Ojo con el 2023”) y Daniel Mera (“Importa la calidad del CDI o del jardín infantil, no si es estatal o privado”) presentan argumentos de mucho peso dirigidos a generar interés por objetivos que consideran claves para rescatar a la nación del abismo en que nos encontramos.

Objetivos muchos que parecen exigir que otros objetivos ya hayan sido logrados, lo que puede parecer una lucha infructuosa por morderse el codo. Si se imponen aranceles a las importaciones, disminuye la productividad y crece el contrabando; si no se imponen, se desincentiva la inversión y por ende la creación de empleo. Para aumentar la productividad necesitamos técnicos y científicos, lo cual demanda profesionales que nuestro sistema educativo no logra formar. Sin el aumento de la productividad, no es posible crear empleos dignos y bien pagados, lo que a su vez lleva a que la educación de los menores quede relegada al último lugar en la lista de prioridades de las familias. Aunque falta mucho por hacer, debe reconocerse que ya se inició el revuelco fundamental que requiere el sector agropecuario, clave para impedir que “más de 20 millones de colombianos (…) que viven con menos de $11.000 diarios” digan no más. Aterrador imaginar lo que de ahí seguiría.

Preocupa la enormidad de los obstáculos que brotarán en el camino del cambio. Si no fue posible gravar las pensiones millonarias, que solamente afectan a un pequeñísimo sector sin tocar la economía del país, ¿qué se necesitará para mantener el empleo cuando las grandes empresas decidan que las nuevas medidas de protección del ambiente, de los consumidores o de sus trabajadores atentan contra sus intereses? ¿Para cambiar la actitud de Fecode? ¿Para eliminar la corrupción? ¿Para que la derecha entienda que continuar obstaculizando los puede dejar sin una nación para gobernar en algún futuro?

¿Por dónde empezar, entonces? Creo ver sabiduría en el comentario de un forista que escribe: “La verdad no importa tanto con qué nos vistamos, con tal de tener algo para echarle a la olla”. Sin entender todas las dificultades que pueden presentarse, puedo apreciar lo valioso que puede resultar contratar con cooperativas campesinas (insuficientes al momento) los programas de alimentación escolar. Aliviar el costo de la canasta familiar al tiempo que se fortalece la producción agropecuaria y se elimina un foco de corrupción parece una idea imbatible. Ojalá logre el presidente diseñar otros mecanismos que, además de confrontar varios problemas simultáneamente, puedan financiarse con recursos existentes, que tengan impacto inmediato y proyección al futuro.

La complejidad de los problemas que aquejan a Colombia es apabullante. Que las imparables alzas en la canasta familiar no hayan causado un levantamiento popular es una manifestación de la confianza que tenemos muchos colombianos en la capacidad del presidente Petro para orientar los cambios necesarios.

Ricardo Gómez Fontana. Guapi, Cauca.

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