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19 May 2022 - 5:00 a. m.

Sobre un editorial en torno a Rusia y la OTAN

Seguí cuidadosamente el bien investigado editorial del sábado 14 de mayo, pero quedé consternado por la evaluación implícita en el último párrafo: el editorial celebra un fracaso de Rusia y un triunfo de la OTAN. Mi evaluación es totalmente contraria: no es un triunfo de la OTAN, sino de los fabricantes y vendedores de armamentos (Military Industrial Complexes) y de los banqueros internacionales que financian la compras de armas. Es un triunfo no sobre Rusia, sino sobre todos los países pobres del mundo, pues ya se ha visto el anuncio de millones de dólares y euros para armamento en todos los países ricos, que seguro se restarán del apoyo a las vacunas anticovid y de los fondos necesarios para mitigar las hambrunas ya previstas por la ONU. Es una derrota no de Rusia, sino de Suecia y de su hasta ahora exitosa política de paz, iniciada hace más de 200 años con la llamada política de neutralidad de Bernadotte o 1812 Policy.

La adhesión de Suecia a la Unión Europea (UE) en 2009 no fue un cambio en esa política de neutralidad, pues se ve claro ahora que para muchos países europeos puede ser conveniente pertenecer a una comunidad económica sin pertenecer a ninguna alianza militar. Esa fue la propuesta de Rusia a Ucrania hace seis meses, que hubiera evitado la guerra. Sin necesidad de cambiar su decisión de adherirse a la UE, su negativa a pertenecer a una alianza militar llamada eufemísticamente “defensiva” le permitiría proclamar su neutralidad y no necesitaría gastar en armamento. La propuesta de Boris Johnson de prestar asistencia diplomática, económica y aun militar a Suecia si es atacada por Rusia es perfectamente compatible con una solicitud de Suecia a Rusia de que le preste asistencia diplomática, económica y aun militar si la alianza EE. UU.-OTAN le exige comprar armas o estacionar armas ofensivas y tropas extranjeras en su territorio. Eso sí sería coherente con la política de neutralidad de 1812.

Suecia tiene toda la autoridad moral para liderar un cinturón de países neutrales que frenen las pretensiones expansionistas de la Alianza EE. UU.-OTAN hacia el este y las que pueda tener Rusia de expandirse hacia el oeste. Si Polonia y Alemania se retiran de la OTAN (como se le había prometido a Rusia en 1990 para que no intentara retomar a Alemania Oriental) ambas ganarían mucho: no solo el gas ruso más barato, sino que no necesitarían gastar en armamento. El cinturón de países neutrales se cerraría con una Ucrania occidental, de la Unión Europea pero neutral, y una Ucrania oriental de la Federación Rusa pero neutral, concediendo a Ucrania occidental la victoria por defender su capital y su territorio con la ayuda de la Alianza EE. UU.-OTAN y concediendo a Ucrania oriental la victoria en repeler la ocupación de las provincias secesionistas del Dombás con la ayuda de Rusia.

Los verdaderos enemigos de la paz no son Putin y Rusia: los enemigos más cínicos y brutales son los fabricantes y vendedores de armamentos y los banqueros internacionales que financian las compras de armas. El editorial parece alegrarse del triunfo de estos poderes monstruosos; yo más bien lamento la derrota de Suecia y de la política de paz más antigua y exitosa de los dos últimos siglos.

Carlos Eduardo Vasco Uribe

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