Desempleo y mercado interno

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Las cifras divulgadas en la última semana revelan una crisis en el mercado laboral no imaginada. En abril y mayo se registran caídas del empleo cercanas a 25% con respecto al año anterior. Si se agregan los trabajadores inactivos que han dejado de buscar empleo porque no lo encuentran, resulta que el país perdió 8 millones de empleos en el último año. Sin duda estamos ante una emergencia humana que no ha recibido el tratamiento debido del Gobierno. De ninguna manera se trata de un fenómeno casuístico que apareció en forma intempestiva.

El drama del empleo se gestó en el modelo de apertura de déficit de balanza de pagos financiado con crédito externo. La reforma no solamente propició que los productos se adquirieran en condiciones más favorables en el exterior, sino que permitió que los pagos se postergaran cada vez más con crédito externo creciente. La economía ha operado con bajos niveles de ahorro y elevado déficit en cuenta corriente que resultan en el quiebre del balance interno entre la producción y el gasto, dicho en otros términos entre la oferta y demanda agregada. Aún más diciente, tiene como contraparte un exceso de oferta sobre la demanda de empleo, que es la descripción más clara del desempleo.

En abril y mayo la caída del empleo estuvo acompañado de una caída de 20% del producto nacional estimado por el Dane y de los índices de los principales sectores de la economía. Esta evidencia constituye una severa crítica a las formulaciones convencionales del libro de texto que tratan el empleo independientemente de la economía, y más concretamente, de la producción. Lo que estamos viendo es que el comportamiento del empleo va de mano de la economía y la producción.

Las condiciones se agravaron en los últimos cinco años por la caída de los precios del petróleo, el fracaso de la política de reactivación de Carrasquilla orientada a aumentar el consumo por encima de la producción y ahora por el coronavirus. La economía pasó a operar con desbalance interno creciente. Aún más diciente, tiene como contraparte un exceso de oferta sobre la demanda de empleo, qué es la descripción más clara del desempleo. Así, el aumento del desempleo entre el 2015 y la fecha está claramente relacionado con la ampliación del déficit en cuenta corriente.

¿Qué más se quería? El desplome del empleo no es un fenómeno intempestivo. Revela que la economía venía mal de tiempo atrás y que no se adoptaron las precauciones debidas con la cuarentena. Las caídas de la producción y el empleo registradas en Colombia están entre las mayores del mundo.

El manejo de la cuarentena es punto aparte. La medida provocó la suspensión del empleo y la producción qué amplio en forma desorbitada el desbalance interno. El desajuste se trató de compensar con un déficit fiscal de 8% del PIB financiado en parte con emisión. El expediente no tuvo mayor efecto sobre la producción y el empleo. En este año la producción caerá 10% y el empleo 25%. Tampoco evitará el desplome de la demanda que bajará 5.5%.

Las condiciones no cambiarán en el próximo año. Las reducciones en el ahorro del presente año se trasladarán por la prolongación de las ayudas y las compensaciones a los sectores más vulnerables y por el deterioro de la distribución del ingreso y el empleo. La política fiscal no evitará la caída de la producción y el empleo; apenas morigerará la caída de la demanda. El elevado desempleo se mantendrá inmodificado.

La solución no puede ser otra que la erradicación del desbalance interno, y se podría conseguir con el cambio de la estructura de comercio internacional orientada a conformar superávit de balanza de pagos. El nuevo modelo elevaría el ahorro, impulsaría el crecimiento de la producción y el empleo por encima de la tendencia histórica y en un plazo definido erradicaría el desempleo.

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