Distribución y balance económico

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Las soluciones del Gobierno a la crisis económica están basadas en el plan de desarrollo que fue concebido antes de la pandemia. En virtud de las normas del plan, el Gobierno está comprometido a enfrentar la crisis económica mediante decretos que reducen el salario real. Recientemente divulgó una disposición que establece la pensión solidaria por debajo del salario mínimo y por diferentes conductos ha anunciado el propósito de establecer las remuneraciones por hora.

En el libro Crecimiento y distribución para una nueva era muestro que la distribución del ingreso y el crecimiento están abocados a un severo conflicto causado, en buena parte, por el ahorro. El país no dispone de los espacios para elevar los ingresos de los sectores menos favorecidos que alivien la pobreza y reduzcan las desigualdades. Tampoco dispone de los recursos para sustentar la expansión de la inversión y la producción. Por lo demás, la sustitución del ahorro por el déficit en cuenta corriente financiado con crédito externo tiene como contraparte el desempleo.

La cuarentena agravó las condiciones de la economía. La reducción del ahorro precipitó la caída de la inversión y la producción y amplió el déficit en cuenta corriente y disparó el desempleo. La información más reciente sugiere que en el año completo la producción caerá 10 % y el desempleo alcanzará el 20 %.

La verdad es que la economía venía de atrás con bajo ahorro, que ocasionaba un serio conflicto entre el crecimiento y la distribución del ingreso que se amplifica con la cuarentena. La reducción del ahorro acentuó el deterioro de la distribución de ingreso y contrajo los fondos requeridos para sustentar la inversión. Las políticas fiscal y monetaria de tasas de interés no pudieron evitar ninguno de los dos efectos. Así, el desplome del empleo coincidió con un aumento nunca visto del déficit fiscal.

En este momento se presentan fuertes presiones de los sectores menos favorecidos para contrarrestar el aumento de la pobreza y el deterioro de la distribución del ingreso. El Gobierno se ve obligado a ampliar las ayudas e introducir nuevas compensaciones. Al tiempo, las empresas advierten que la reducción de ganancias y ahorros les impiden realizar las inversiones para recuperar las depreciaciones del pasado e impulsar la producción futura. Dentro de una total desproporción, la solución del Gobierno se busca mediante la depresión del salario. Lo que se requiere es una elevación del ahorro, que se puede lograr con un cambio drástico de la estructura del sector externo para conformar una balanza de pagos con superávit. La otra opción es la conformación de un sistema fiscal eficiente que reduzca el coeficiente de Gini después de impuestos.

En las concepciones económicas convencionales se considera que la distribución del ingreso y el crecimiento económico son independientes y que se pueden alcanzar por separado. El drama de América Latina es que los dos propósitos están en abierto conflicto y nunca se hizo mayor cosa para conciliarlos. En la práctica están comprometidos en modelos de crecimiento que deterioran la distribución del ingreso.

La diferencia con los países del sur de Asia es que estos, mediante la elevación del ahorro, lograron aliviar el conflicto. En muchos casos han conseguido elevar el crecimiento y conformar estructuras fiscales progresivas. En el caso del coronavirus, aparecen como la región con menores caída de la producción y el empleo.

En fin, los desaciertos en la distribución del ingreso y el crecimiento provienen de las teorías de libre mercado, que desconocen la relación entre la producción y el ahorro, y de las instituciones nacionales que las aplican sin beneficio de inventario.

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