El desplome del empleo

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La fuerza de trabajo y su productividad son los pivotes centrales de las economías incluyentes. El país ha operado durante mucho tiempo con altas cifras de desempleo que revelan la naturaleza inequitativa del modelo económico. Las crisis económicas se inician en el mercado laboral y los principales damnificados son los ingresos laborales. En el segundo trimestre el desempleo se disparó del 10 % al 20 %, y en julio no se observa mayor recuperación.

Las teorías del empleo dominantes en Colombia suponen que el mercado laboral está separado de la economía y que su único determinante es el salario; los efectos de la economía se arreglan en el mismo sector. El empleo es independiente de la actividad productiva y la balanza de pagos.

No se ha entendido que en una economía con bajo ahorro y cuantioso déficit en cuenta corriente financiado con crédito externo las políticas fiscales y monetarias convencionales son de reducido alcance. El aumento de la demanda eleva el consumo, al tiempo que reduce el ahorro, aumenta el déficit en cuenta corriente y contrae la inversión y la producción.

Así se vio en el principio de la administración Carrasquilla, que buscó reactivar con un crecimiento del consumo 2,5 % por encima de la producción. Se configuró un estado de bajo ahorro, aumento del déficit en cuenta corriente y caída del empleo. En efecto, entre 2018 y 2019 el empleo pasó de crecer 2 % a tasas negativas.

El proceso se amplificó con la cuarentena, que provocó una reducción cuantiosa del ahorro que arrastró consigo la inversión y, en conjunto, se reforzaron para provocar la mayor caída del producto nacional de la historia registrada en el país. La política de baja de tasa de interés y déficit del 8,2 % del PIB financiado en su mayor parte con ahorro resultó inefectiva.

En la actualidad el país enfrenta un abultado desempleo ocasionado por la política de consumo de Carrasquilla y luego por la cuarentena. Ambas determinaciones provocaron una reducción del ahorro y la ampliación del déficit en cuenta corriente que redujeron el empleo y desplomaron la inversión y la producción. Por lo demás, la predicción del Banco de la República y el Ministerio de Hacienda de que la caída del producto genera un rebote que lo compensa no pasó de ser un deseo sin base científica. La caída del empleo y el ingreso nacional provocaron una reducción adicional del ahorro que perpetuó o, por lo menos, no corrigió el efecto inicial.

El país no puede reactivar y normalizar la producción con un desbalance externo que tiene como contraparte la tercera parte de la población en desempleo o inactividad. El balance interno y la actividad productiva no se recuperarán mientras persista el desbalance externo, y más: los dos desbalances no se corrigen con las políticas fiscales y monetarias convencionales. Se requiere ir más lejos con otros instrumentos, como la conformación de una estructura de comercio internacional con superávit en la balanza de pagos, el fortalecimiento del vínculo y la coordinación entre el Banco de la República y los sectores público y privado, y la reformulación del mercado laboral.

La solución del empleo no será posible sin una revisión de las teorías básicas y una estrategia de políticas coherentes para rectificar varias décadas de desaciertos de la apertura comercial con déficit de balanza de pagos financiado con crédito externo. Mientras las autoridades económicas persistan en mantener el déficit en cuenta corriente financiado con crédito externo, el país tendrá que convivir con elevado desempleo. El desafió nacional e internacional está en apartarse de los dogmas que han sido controvertidos por los hechos.

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