El manejo de la crisis

Noticias destacadas de Columnas

Las políticas de salud para enfrentar el coronavirus han generado un gran desorden económico. Los efectos de las medidas y las acciones complementarias solo se vinieron a ver varios meses después. Hoy se tiene que las medidas para combatir el coronavirus ocasionaron serias fallas estructurales. En Colombia provocaron una caída monumental del ahorro y la inversión, que no se puede analizar con las concepciones teóricas convencionales. Tampoco son aplicables las soluciones de Estados Unidos, que cuenta con el seguro de desempleo, ni de los países europeos, que disponen de ahorros sobrantes de la población y superávits de balanza de pagos.

Las soluciones de los últimos años de América Latina se buscan con fórmulas de libre mercado ideadas en los países desarrollados que no han podido ser adaptadas a las condiciones propias de la región. La mejor ilustración se encuentra en el orden económico mundial que relegó América Latina a operar con elevados déficits en cuenta corriente financiados con crédito externo. De hecho, los países están abocados a menos crecimiento, más desempleo y deterioro de la distribución del ingreso.

En particular, Colombia venía mal porque llevaba cinco años con tasas de crecimiento inferiores a las históricas y registraba una de las distribuciones del ingreso más desiguales del mundo, tasas de desempleo de dos dígitos y déficits en cuenta corriente de 5 % del PIB.

El error del diagnóstico oficial está en atribuir el mal resultado a la cuarentena y suponer que se puede corregir por las simples leyes del mercado. No se advierte que las deficiencias del modelo económico que venía de atrás y la cuarentena ocasionaron un serio daño estructural en el ahorro, la inversión y el empleo. Está visto que el expediente ocasionó una caída de la producción nunca vista en la historia registrada del país. Así mismo, ocasionó en dos meses la salida de siete millones de trabajadores del mercado laboral. Por lo demás, las condiciones de equidad retrocedieron varios años y esto se manifiesta en la caída de los ingresos de trabajo, el aumento de la pobreza monetaria y la elevación del coeficiente de Gini.

Lo cierto es que los datos estadísticos recientes no confirman las previsiones del Gobierno y los organismos internacionales, que proyectaban inicialmente una caída del producto de 3,2 % para el presente año y nunca imaginaron la debacle del empleo.

En realidad, el coronavirus y las cuarentenas han ampliado las enormes imperfecciones del sistema de mercado y, lo más grave, han introducido fallas estructurales que tienden a persistir. No es cierto que la terminación de la pandemia resolverá la crisis. La economía se verá reducida en su capacidad de producir y generar empleo y retrocederá en la distribución del ingreso.

No había posibilidad alguna de que el desplome inicial de la producción y el empleo y el posterior sobre la inversión pudieran ser contrarrestados por el déficit fiscal y la entrada de capitales. La economía quedó abocada a un estado de bajo ahorro y cuantioso déficit en cuenta corriente, que configuran un desbalance interno que no se puede corregir con las políticas fiscales convencionales. El déficit fiscal de 8,2 % del PIB no evita el desplome del producto nacional. El endeudamiento externo aumenta el déficit en cuenta corriente y agrava el desempleo.

La solución de fondo para avanzar en el crecimiento, el empleo y la equidad es el cambio de modelo dentro del marco sugerido en el libro Teorías de crecimiento y distribución del ingreso para una nueva era. En síntesis, se plantea avanzar en la armonización comercial, macroeconómica y sectorial para conformar una estructura económica con superávit de balanza de pagos.

Comparte en redes: