¿En dónde están los capitalistas colombianos?

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Los comentarios frívolos de algunos influencers, que se acusan mutuamente de derechistas y mamertos, remonta a la Guerra Fría que concluyó hace 30 años, con una visión dominante y una perdedora. Es tan evidente que se impuso el capitalismo, que Estados Unidos sigue siendo -hoy en día- la mayor potencia económica y militar del planeta. Pero, al parecer, en Colombia no ha llegado la noticia de la disolución de la URSS.

El análisis sobre el capitalismo es más técnico que discursivo, y en el país estamos todavía en pañales en su comprensión. Por eso no es raro que en redes sociales, y en no pocas universidades, se piensen cosas tan absurdas como que tener 30 millones de hectáreas con 23 millones de cabezas de ganado, es decir, 1,3 hectáreas por vaca, es capitalismo. Que la renta obtenida de actividades inmobiliarias y de ganancias del capital financiero desconectado de la economía real es crecimiento económico. O que la renta extractiva, de actividades que se acabarán en pocas décadas y que están destruyendo el medioambiente, es desarrollo.

En Colombia lo que algunos llaman capitalismo está representado en ciertos elementos de modernidad aislados, sin encadenamientos fuertes con el mercado interno, en medio de una infraestructura deplorable y con actividades empresariales meritorias, pero con una estructura enclenque, y, fundamentalmente, se expresa en el consumo precario, financiado con renta, con créditos y con remesas de trabajadores que viven en países capitalistas y envían dinero a sus familias. En verdad, en este país predomina más el feudalismo que el capitalismo.

Un país capitalista se caracteriza por una alta capacidad de involucrar y poner a operar en su sistema económico los factores productivos de los cuales dispone: tierra, trabajo, capital y tecnología. ¿Para qué? Para su transformación en mercancías y servicios, que se venden primero en el mercado interno y segundo se exportan. Una economía sin empresas y empresas sin trabajadores no es capitalismo y, según Confecámaras, el 63 % de las empresas en Colombia solo ocupan a una persona.

Entender cómo funciona el capitalismo es elemental para actuar en la promoción y el estímulo de creación de empresas que vinculen fuerza de trabajo para producir. Empresas que lamentan los costos de sus trabajadores, pero silencian los altísimos costos financieros, el rentismo improductivo y la estrechez del mercado interno, y trabajadores que menosprecian el desarrollo empresarial son prueba de una economía premoderna. En Colombia, el reto que enfrentamos actualmente es superar la Edad Media. Es necesario unir a empresas, trabajadores, académicos y políticos para asumir juntos este riesgo.

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