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2 Feb 2022 - 5:30 a. m.

Confrontación de argumentos en torno a las corridas

Las corridas de toros fueron un espectáculo concurrido durante varias décadas en la Plaza de Toros de Santamaría, en Bogotá. Sin embargo, en este siglo comenzaron las agresiones verbales —e incluso físicas— a los asistentes, a la entrada y salida de las corridas, por parte de los llamados “animalistas”, a tal punto que ya no se celebran en la capital.

Esta afición ha disminuido con el tiempo. Al occidente de Bogotá aún hay tales espectáculos, así como también en otros lugares, como la Feria de Manizales, en Cali y otras ciudades y poblaciones del país, aunque la pandemia también los ha frenado. Sobre el particular, hay controversias entre aficionados, exaficionados y quienes comparten argumentos favorables a las corridas, frente a “animalistas” que se oponen de hecho al espectáculo.

Al respecto, se presentan argumentos de aficionados, exaficionados y conocedores de corridas: hay diversas razas de toros de lidia, que viven alrededor de cuatro años en libertad, en ambientes naturales de amplias extensiones. Su instinto es encontrar un rival para luchar, que en este caso son toreros profesionales. Cuando sale de su entorno natural, al igual que sus congéneres sufre de estrés. En la lidia en plazas de toros encuentra su razón de ser y expone toda su fortaleza y energía. En la parte final de la lidia, su dolor físico es superado por su instinto natural de sostener el ataque y, en general, su final es breve. Frente a ello, la corta vida de los toros para consumo de carne, que sufren más de un día mientras son sacrificados, en ambientes cerrados con olor a sangre que aumenta su estrés, el “sufrimiento” del toro de lidia es casi inexistente.

Con tales argumentos a favor, los planteamientos de los “animalistas” (entre comillas, pues no son mayoría) en general son los siguientes: el sufrimiento de los toros de lidia, frente a un público que lo disfruta de manera absurda, es inaceptable. Las faenas de los toreros los ponen en desventaja desde sus inicios y —casi siempre— la incapacidad natural de vencer a su rival aumenta sus sufrimientos. Estos alcanzan un punto alto al ser heridos mediante banderillas a los lados del lomo y picas ejecutadas por un jinete acorazado y armado de una larga vara cuya punta metálica y afilada es sostenida frente a la parte alta del lomo del animal, cuya fuerza hace que penetre más, causando mayor dolor mientras mantiene la embestida hasta que sale por uno de los lados. Luego de recibir las heridas mortales del torero —armado de un estoque o espada—, el dolor se hace “eterno” mientras permanece herido, a tal punto que con frecuencia —una vez que se echa— tienen que causarle la muerte con una “puntilla” (puñal corto) en la nuca.

Si esos “animalistas” conocieran los pésimos ambientes de crecimiento y engorde de muchas especies de animales con que cuenta por millones la humanidad para satisfacer el consumo de carnes, y las torturas que experimentan casi todos ellos al morir, tendrían mucho para meditar frente al “sufrimiento” de los toros de lidia.

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