20 Nov 2021 - 11:58 p. m.

¿Qué hacer?

Panorama oscuro el que presenta por estas calendas la selección colombiana de mayores en su intención de llegar a Catar. Es cierto que el cuarto lugar da esperanzas transitorias observando la reacción de Perú, la cercanía de Chile y el mismo Uruguay. Quiero dejar de lado los reparos a lo visto y ofrecido hasta ahora. Es mejor reflexionar acerca de qué hacer para conseguir el objetivo de clasificar.

Gustavo Alfaro construyó una frase acerca de lo que venía sucediendo con Ecuador, sin pena ni algo parecido: “recibiendo pocos goles se puede arribar a Catar”. En nuestro caso, la frase debería ser: con pocos goles anotados podemos conseguir los puntos.

Por lo visto y mirando el desfile de por lo menos ocho delanteros con goles en sus respectivas ligas y/o equipos, surge una sola pregunta: ¿Qué pasa? Varias respuestas ya están en boca de aficionados y periodistas deportivos. Falta creación de juego; no tenemos rematadores atrevidos de media distancia; no se aprovechan los pocos tiros de esquina a favor; el contragolpe no funciona; las transiciones rápidas no operan, en fin. Conforman un catálogo de variadas respuestas o excusas si se quiere.

Para mí el problema está en la elección de los titulares, o al menos de aquellos que inician un partido. Desde que la FIFA autorizó el cuento de los cinco cambios, muchos técnicos se confundieron y creyeron a pie juntillas en la obligación de cumplirlos y ahí fue el acabose.

Uno de los argumentos instrumentados por la FIFA fue el cansancio de los futbolistas por la seguidilla de partidos, la escasa recuperación de fuerza, viajes, cambios de alimentación, etc.

Todo eso puede ser cierto. Sin embargo, va en contra de los mismos jugadores, quienes entran con cierta desconfianza a disputar el partido, corriendo el riesgo de ser relevados en cualquier momento, por más pataleo o protesta que muestren.

Lo más complicado para Reinaldo Rueda o cualquier colega de él, es que manejar grupos de 23 jugadores en un plantel es asunto difícil. Solo ingresan once y los otros quedan en tribuna o haciendo mala cara porque todos desean jugar. Por eso, cuando me pregunto qué hacer, mi respuesta es sencilla: no convocar para dos partidos ese número exagerado de jugadores, con 16 sería suficiente y sobre todo, Reinaldo y su combo de asistentes, con toda la cantidad de datos médicos, fisiológicos y futbolísticos disponibles, llamarlos y de entrada, aprovechando los pocos días de trabajo, organizar la línea titular, insistir en ella, repetir y repetir los movimientos y lograr lo que ahora no se ve: cohesión en las líneas, ideas claras para salir, atacar y fortalecer el plan defensivo.

De paso, ninguno de los 16 protestará, porque ingresarán a sabiendas del por qué son unos titulares y otros suplentes. Es la mejor forma de dar sentido de equipo a la selección y eso sí, haciendo énfasis en el voto de confianza que Reinaldo Rueda ofrece a los inicialistas y de paso archivamos esa manía de cambiar por cambiar futbolistas en los segundos tiempos, que me parece un embeleco, advirtiendo que podrían primar razones de fuerza mayor, una expulsión o una lesión.

Es una idea personal, pero es necesario hacer algo, sacudir el entorno y aprender a manejar la presión externa.

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