8 Oct 2021 - 5:00 a. m.

Ni Petro ni Uribe, dicen los encuestados

Un estudio de la consultora Speak, con base en tres grandes encuestas, describió el estado de ánimo electoral del país como de indecisión. El actual es un escenario confuso, diferente al conocido, del cual desaparecieron la disciplina y la lealtad partidista: el 64% de los encuestados dicen no tener un partido político. Los medios de comunicación tradicionales están siendo literalmente ahogados, arrasados por las redes sociales en un contexto donde reina la pasión y no la razón, pleno de insultos y carente de argumentos. Muchos ven en las redes la cristalización de una democracia directa y ciudadana, no intermediada por unos medios supuestamente al servicio del privilegio y el capital. En fin, Colombia es hoy un país con más de cincuenta candidatos presidenciales autoproclamados, batiendo otro récord mundial, que no propiamente es indicativo de la solidez de nuestra democracia.

Solo el 23% de la gente tiene la intención de votar y aumenta el número de los que votarían en blanco. En medio de esa confusión, generada por la crisis de la sociedad y de los partidos, los ciudadanos tienen claras sus orientaciones político–ideológicas, que se reparten equitativamente entre derecha e izquierda radicales, mientras que el centro se lleva el 71% y, de éste, el 54% prefiere el centro izquierda.

Significa en plata blanca que el petrismo y uribismo ya no expresan, no representan, a sectores mayoritarios de una ciudadanía literalmente “mamada” del discurso altisonante y mentiroso, imperante en las últimas décadas, atizado y en parte alimentado por el conflicto armado. La preferencia de los electores por Gustavo Petro en tres meses bajó del 38 al 17%, mientras que en el viejo uribismo reina el desorden: ya la voz del caudillo dejó de ordenar. Para darle mayor contundencia a los hechos, los políticos que buscan recrear situaciones y planteamientos del pasado registran los más altos índices de desfavorabilidad: Petro y Uribe.

El elector no quiere más insultos y descalificaciones: busca propuestas concretas y realizables para enfrentar los problemas de su vida presente. Propuestas que no sean simples palabras bonitas o emocionantes, sino alternativas claras de futuro. Ello lo ubica en un espacio de convergencia democrática, de un centro izquierda claro y definido, que considero está expresado en la Coalición de la Esperanza. Es la opción de centro que reúne siete fuerzas distintas, con matices pero compartiendo unos planteamientos básicos -tema que dará para otra columna-.

Los colombianos ya no buscan ni un mesías ni un caudillo movido solo por su vanidad. Ya se entendió que no se necesita un Superman omnipotente pero distante, sino alguien normal aunque, eso sí, honesto y confiable; con una aproximación fresca al poder y una narrativa renovada y aireada; poseído por un espíritu de servidor de los ciudadanos y de sus electores; con experiencia, liderazgo y voluntad para jugarse por los cambios y las reformas que el país necesita, que requieren de un esfuerzo continuado, porque no son milagrosos o instantáneos sino cambios que exigen, además de ganar la Presidencia, tener un respaldo suficiente en el Congreso para que el Presidente no termine de rehén de unos legisladores dispuestos a montarle un peaje político a sus iniciativas, castrando la fuerza transformadora de su proyecto y compromiso.

Como nunca antes, están dadas las condiciones para que del caos actual salga el impulso de la fuerza de una ciudadanía movilizada, por fuera de los extremos caudillistas, situada en la centro izquierda del espectro político, como lo confirma el estudio de la consultora Speak.

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