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9 Mar 2022 - 5:30 a. m.

Amazonia, deforestación, agua y ciencia

Según el Panel Científico por la Amazonia de Naciones Unidas, más de la mitad de la lluvia que cae en la cuenca amazónica, incluida la que llega a la cabecera andina, depende de la conservación del bosque amazónico. La selva absorbe calor y agua, y por evapotranspiración genera condensación y formación de nubes. Destruir este bosque significa disminuir la disponibilidad de agua en los Andes, incluido el abastecimiento para consumo humano en Bogotá y su área metropolitana.

Naciones Unidas acaba de publicar el informe “Evaluación de la Amazonia 2021”, escrito por el Panel Científico para la Amazonia, conformado por más de 200 científicos, entre ellos 16 colombianos. En referencia al ciclo hidrológico, enfatiza que las precipitaciones en la cuenca del Amazonas, que llegan a 6.000-7.000 mm/año en la base de los Andes, son en buena parte consecuencia de la inyección permanente de vapor de agua a la atmósfera por el propio bosque, con la ayuda de la elevación mecánica del aire por la cordillera de los Andes y la existencia de los denominados “ríos aéreos”, por los que se transporta el vapor de agua a través de espacios en la atmósfera de alrededor de 1 km de ancho.

Según el informe, la cuenca amazónica es un elemento crítico del sistema climático de la Tierra, sus bosques actúan como un “aire acondicionado” gigante, que reduce la temperatura de la superficie terrestre y genera precipitaciones. Los árboles amazónicos actúan como una bomba biótica, captando agua del suelo y arrojándola a la atmósfera a través de la evapotranspiración. La estructura de la selva y su funcionamiento conducen a mayores tasas de evapotranspiración durante la estación seca y sugieren que los bosques amazónicos son resistentes a las sequías extremas. Estos mecanismos combinados conducen a un clima lluvioso y un comienzo temprano y un final tardío de la temporada de lluvias, con importantes impactos económicos y sociales.

La Amazonia ejerce una fuerte influencia en la atmósfera y en los patrones de circulación, siendo una fuente importante de agua y humedad para ecosistemas más allá de la cuenca misma, glaciares, páramos, bosques nubosos y para los asentamientos humanos sobre la cordillera de los Andes. El informe señala que los bosques amazónicos alcanzan a impactar los flujos de humedad hacia el centro y sur de Suramérica, interactuando con el Chaco Bajo, hasta la cuenca del río de la Plata, el Pantanal y las tierras agrícolas del centro-oeste de Brasil. El informe de Naciones Unidas es de acceso público, trata este y otros temas, y bien vale la pena que lo revisemos, pues hace un análisis integral sobre el estado actual, las tendencias y soluciones necesarias para gestionar una Amazonia sostenible.

Conservar los bosques amazónicos y sus importantes servicios ecosistémicos tiene un costo y es necesario que todos hagamos nuestra contribución. En Bogotá, como ejemplo, en un recibo de acueducto que cobra $148.559 por el agua consumida, si vemos el reverso del recibo, se paga $492 como aporte a la conservación de la fuente, es decir, el 0,3 % de lo que se paga por el agua. Si queremos tener agua en el futuro, los consumidores de los estratos tres en adelante debemos aumentar nuestra contribución. Colombia debe buscar transferencias externas, pago por los servicios ecosistémicos del bosque amazónico y, localmente, aumentar lo que estamos transfiriendo a través de los recibos del consumo de agua, pues hoy nuestra contribución a la conservación es paupérrima.

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