26 Jan 2014 - 6:52 p. m.

Capítulo 1: El chat – La Candidata: primera Temporada

La Candidata

La Candidata

Columnista

La Candidata filtra la amenaza de Pacho Santos de abandonar el uribismo, tras conocerse que Álvaro Uribe cambiará la forma de elegir candidato presidencial.

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas dicen «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Domingo 13 de octubre de 2013

—Yo no sé a qué están jugando ustedes, pero me parece muy peligroso y a mí no me van a güevonear así —dijo al teléfono Francisco Santos.

—Cuidado, Pacho. No confundas la amistad con la grosería.

—¡No jodás! —la interrumpió—. Tú no estabas pensando en ser mi amiga cuando le filtraste ese chat a Semana (ver chat).

—A ver, Pacho, tú me dejaste tomar la foto y…

—¡Pero te advertí muy claramente que no hicieras nada con eso hasta que yo dijera! ¡Estos hijueputas me van a linchar!

—¡Le bajas al tonito, Francisco, porque no respondo! Un solo grito más y la que te va a mandar a la mierda soy yo.

Santos se sintió intimidado.

—Es que me acabas de poner en una situación muy difícil. Me están empezando a preguntar si yo filtré esa conversación.

—Préstame mucha atención porque te voy a decir exactamente qué es lo que no estás viendo con claridad. Primero: tú ya estabas en una posición difícil. Por mucho que pienses con el deseo, te van a robar esa candidatura y eso pasó desde el mismo momento en que dejaste que María del Rosario y Fabio Valencia se adueñaran de la convención. Tiene que ser uno muy ingenuo para creer que todo va a ser transparente en una elección en la que mete la mano semejante personaje. Que no se te olvide quién era el Ministro del Interior cuando tramitaron en el Congreso la segunda reelección. Dos: aunque no lo creas, soy de las poquitas personas en las que de verdad puedes confiar. Uribe te va dar la espalda. Te lo garantizo. Es cierto que él mismo no va a mover uno solo de sus dedos para quitarte la candidatura, pero tampoco va a meter las manos en el fuego para evitar que los otros sí te quemen vivo. De las mejores cosas que le han funcionado a Uribe en su vida ha sido hacerse el huevón mientras los demás hacen de las suyas. Ahora, me perdonas por lo que voy a decir, pero tú eres un leproso con el que nadie quiere meterse por haberte peleado con todo el mundo, ¡hasta con tu primo, que es nada menos que el Presidente de la República, y de paso con su familia! Todo por andar de “leal” con Uribe y hacerle juego a tremendo sectarismo. Tres: ya te he explicado que lo mejor es que te libres de una candidatura que no va para ningún lado y que te alistes para la destitución de Petro. Cuando eso pase, el peor lugar en el que puedes estar es en el uribismo. Recuerda lo que le pasó a Peñalosa. En Bogotá no le votan a Uribe. Tienes que empezar a hacer campaña como una fuerza independiente. La embarraste echándote para atrás con la inscripción de firmas (ver patraseada). Pacho, este es el momento para no dar más tumbos.

A Santos se le bajó la calentura. Por mucho que detestara lo que estaba escuchando, sabía que las palabras de ella tenían sentido.

—No sé… No sé. Por ahora voy a tener que inventarme algo para convencer a esta gente de que yo no filtré esa conversación.

—Hombre, ese chat sirve para dos cosas: primero, para sentar un precedente de ruptura con el Uribe Centro Democrático. Y segundo, te sirve para echarle la culpa a Óscar Iván, diciendo que solo él podría estar interesado en hacerte quedar mal con Uribe.

—Bueno, pues eso último no es ni mala idea…. Oye, y a todas estas, ¿cuándo vas a llevar las firmas para inscribir la tuya?

—A mediados de noviembre, después de que pase toda esa bulla que ustedes van a hacer con la convención. Pero desde ya puedes llamarme “candidata presidencial”.

—Jaja. Ay no pues, tan convencida. Yo la verdad no he logrado entenderte. Me dices que no le juegue a una candidatura en la que voy a perder, pero te aseguro que lo mismo te va a pasar a ti. Si nosotros, con el apoyo de Uribe, no tenemos chance de ganar, pues tú sí que andas más perdida que un piojo en una peluca.

—Ya te he dicho: yo no hago esto para ganar la Presidencia. Es apenas el inicio de una campaña de reconocimiento para tener juego después. Sabes que he estado desaparecida de la política por años.

—Desaparecida de los medios, pero no de la política ni del poder. Mejor dicho, tóqueme los dientes a ver si son de leche.

La Candidata sonrió.

—Ay, Pacho, a veces creo que tus dientes sí siguen siendo de leche.

La Candidata colgó y se quedó viendo a Nicolás Ulloa, su principal asesor, un treintañero incondicional que había trabajado a su lado durante los últimos cinco años y que haría lo que fuera por ella, no por sus ideales o su discurso, sino por ella.

—¿Y esa sonrisa? —le preguntó la Candidata.

—¿La mía? Al que me pareció escuchar sonreír fue a Pacho al otro lado del teléfono. O sea, el tipo arrancó emputado y terminó cagado de la risa contigo.

—No le va a dar risa el día de la convención. Va a ser humillante, pero él mismo se lo buscó.

La mujer se levantó de la silla y se dirigió a la ventana. Entrelazó sus dedos y alzó las manos como intentando alcanzar el cielo, arqueando la espalda para estirar los músculos. Nicolás capturó el momento en su memoria: la figura delgada y firme de la Candidata, delineada y acentuada por el contraluz, ajustada por una falda negra y una camisa blanca. Con 48 años, su cuerpo atlético era resultado de dos horas diarias de ejercicio durante la última década (también producto de un ligero aumento de busto). Desde 2003, cuando renunció al protagonismo político que llegó a tener alguna vez, encontró en el deporte la mejor fórmula para encauzar su exceso de energía y para ocupar buena parte de las horas que le empezaron a sobrar. En consecuencia, se alejó del estrés y del envejecimiento prematuro al que se somete cualquiera que vive bajo los fatigantes reflectores del “servicio público”. Pero eso fue apenas circunstancial. Cuando decidió marginarse de la política no estaba pensando en conservar su belleza ni en alcanzar semejante estado físico. La razón de su retiro fue trágica, dolorosa: un drama personal y vergonzoso que la llevó a esconderse de esos reflectores de la vida pública, para mantener su infamia en secreto. Sin embargo, entre bastidores, mantuvo contacto con el poder, dedicada a hacer “lobby” para empresas y personajes influyentes, permitiéndoles a sus clientes encontrarse con sus intereses y propiciando acercamientos entre enemigos que parecieran irreconciliables.

—¿Y ahora? —preguntó Nicolás.

La Candidata miró a su alrededor. La oficina de su recién estrenada sede de campaña (una casa ubicada en el barrio Teusaquillo de Bogotá) apenas contenía un escritorio, un teléfono y un par de sillas.

—Lo más urgente es llenar este lugar con gente. Arrancamos ya. Pero no podemos dejar este tema de Pacho sin finiquitar. Hay que darle la estocada final. El bobo ese es capaz de cargarle la maleta a Óscar Iván. Tenemos que fracturar a ese grupo de manera definitiva.

***

Siga a La Candidata en Twitter: @LaCandidata

Para que esta historia siga viva, compártala.

Comparte: