El Caminante

Los imprescindibles

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Escribir sin escribir, construyendo frases en la mente aunque sepamos que luego las vamos a olvidar, pero seguir, siempre seguir, con la convicción de que solo lo que escribamos va a quedar, y la verdad y nuestro testimonio van a ser lo que escribamos. Escribir párrafos y párrafos, aun sabiendo que luego los borraremos, y que más luego aun trataremos infructuosamente de recordarlos, cuando hayamos comprendido que todas esas frases que escribimos y que fueron nada nos llevaron a encontrar un tono, un ritmo, una frase o una imagen. Escribir, tachar, borrar, volver a escribir y volver a tachar y maldecir y convencernos de que nada tiene sentido, y creer después que solo tiene sentido lo que escribamos, y mentirnos y desnudarnos, y salir a dar vueltas por el barrio en busca de un milagro que, sabemos, jamás ocurrirá.

Escribir creyendo que lo importante es lo que escribamos, no nosotros, y que lo que escribamos se debe defender por sí solo y que por eso debemos cuidar cada palabra y cada coma, y ponerlas como si fueran la última palabra y el punto final de nuestra vida. Escribir y mientras escribimos creernos dioses, pero dioses en harapos, dioses eternamente vencidos, caídos de sus pedestales, para crear de nuevo el mundo, un mundo, nuestro mundo, con la certeza de que en cualquier instante se podrá desmoronar, y la locura de creer que siempre lo podremos volver a crear. Escribir en el dolor, en el amor, inmersos en los negocios del amor y en sus ruinas, e incluso en la indiferencia. Escribir en medio del escepticismo, porque en honor a la verdad, algo podrá ocurrir si escribimos, pero si no lo hacemos no pasará nada.

Escribir de imposibles desde lo imposible para seguir buscando utopías, así solo sea en textos, e inventarnos en esos textos a algún personaje que tome para dar y que prefiera al otro y a todos los otros en vez de actuar por conveniencia, y que lo haga todos los días y toda la vida, pues como decía Bertolt Brecht, “esos son los imprescindibles”. Escribir, y caminar escribiendo y cantar como si escribiéramos, y besar en presente y futuro con todas las letras del alfabeto y algunas más, aunque en palabras nuestros besos se parezcan a aquellos de las películas en blanco y negro. Escribir sin leyes ni gramáticas ni mandamientos y atrevernos a ser nosotros, aunque solo sea en un papel y de cinco a cinco y diez de la madrugada.

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