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13 Apr 2021 - 3:00 a. m.

Mujeres en el torrente alternativo

Mujeres de distintas vertientes feministas realizaron, los días 5 y 6 de abril, en la ciudad de Honda, Tolima, la Convención Nacional Feminista Río Grande de La Magdalena. Centenares de todo el país, con estrictas medidas de bioseguridad, deliberaron entusiastas en un auditorio engalanado de tonalidades lila.

Vi el video de casi cinco horas de duración y me impresionaron el ambiente emotivo y entusiasta, la afirmación de una posición feminista clara e inclaudicable, el tino con que fueron tomando posición sobre cada uno de los aspectos políticos relevantes, la identificación de facilidades y dificultades, la decisión de ampliar e ir lejos con la iniciativa.

Claro estaba el sentido de la Convención en la Convocatoria. “Es importante que las Mujeres feministas estemos en la política porque la política está en nosotras. Las feministas queremos ser presidentas porque Colombia se merece un gobierno de esperanza, un gobierno que piense de verdad en la gente más desprotegida, la gente que ha sido criminalizada, precarizada y las feministas sí que sabemos de criminalización y precarización.

Queremos ser presidentas de Colombia porque nos cabe el país en la cabeza, queremos profundizar la democracia, que los programas y las políticas de gobierno lleguen a los y las excluidas y a quienes las elites gamonales del país han dejado por fuera, a las comunidades negras, afrocolombianas, a las comunidades indígenas, a las mujeres y a las niñas.

Grupos políticos han capturado el Estado en función de sus intereses privados y excluyentes. Las feministas queremos trasformar los discursos de muerte y de guerra que han trazado el ejercicio de la política en Colombia. Una mujer presidenta en Colombia significa que el Río de la Magdalena abra camino para sacar de sus profundidades la fuerza vital femenina que transforma diciendo: avancen, ustedes mujeres están listas”.

El acontecimiento feminista de Honda mostró que la iniciativa se mueve enteramente en el campo alternativo con una agenda que puede ir a todos los espacios sociales y políticos. Los escenarios más próximos de interlocución y acción, explícitamente reconocidos, son la Coalición de la Esperanza y la Coalición de Pacto Histórico.

Inclusive, a mi juicio, hay lugar para pensar que las mujeres feministas podrían ser eslabón de mediación entre las dos coaliciones, y muchos sectores más, para crear condiciones de victoria en la primera vuelta de las presidenciales, prevista para el 29 de mayo 2022. En 2014 lo intentaron Clara López y Aida Abella, en 2018 Ángela Robledo, Clara López y Claudia López.

“¿Qué tenemos que hacer? Tú, ganarle a Petro y yo a Fajardo”. No percibí esta expresión, ni la proclamación realizada al final de la Convención, como grito de batalla sin cuartel contra ellos, sino como la decisión de entrar en la competencia sin complejo de inferioridad, es decir, superando la matriz patriarcal de subordinación: “Desde la Magdalena clamamos que es tiempo de tener una presidenta”.

Preciso es entender que este radicalismo político hacia un gobierno feminista se origina en la realidad social y cultural: las mujeres constituyen la mitad, o algo más, de la población, trabajan mucho más de la jornada ordinaria, soportan gran parte de las más pesadas cargas en guerras, tragedias, migraciones, pandemias… se ocupan del cuidado de gran parte de la población que lo demanda (bebés, niños, enfermos, discapacitados, personas de edad avanzada...), muchas son cabeza de familia.

Todo eso hacen las mujeres y, prácticamente siempre, reciben mucho menos de lo que son y de lo que aportan. Las mujeres están en déficit de tiempo para realizarse como personas y como ciudadanas. El relacionamiento patriarcal imperante las mantiene en la condición de subalternas. No puede seguir siendo así. Por eso se necesita la paridad en cargas, retribución, oportunidades, incluidas las oportunidades políticas. Urge democracia paritaria.

“Sin las mujeres la democracia está incompleta, sin el feminismo la democracia colombiana difícilmente dejará de mirarse en el espejo roto de sus fracasos y ausencias. Como feministas estamos llamadas por la historia a dar el salto hacia la afirmación de nuestra valentía como colombianas con capacidad de construir un país justo, amoroso con su diversidad y gobernado democráticamente. Es nuestro tiempo, asumimos nuestro compromiso con el futuro del país”. Así comienza el Manifiesto, pronunciamiento central de la Convención.

En el origen de la Convención feminista, esmeradamente preparada y espléndidamente realizada, estuvieron expresiones muy diversas: Estamos listas, la Casa de la Mujer, Corporación Humanas, Red Nacional de Mujeres, Unión de Ciudadanas de Colombia, Ruta Pacífica de Mujeres, Corporación Penca de Sábila, Artemisas, Paridad Ya, entre otras.

Según textos e intervenciones la gran mayoría de las convencionistas, si no todas, comparte el enfoque de Rita Segato: “El feminismo no puede y no debe constituir a los hombres como sus enemigos “naturales”. El enemigo es el orden patriarcal que a veces está encarnado por mujeres”.

luis.sandoval.1843@gmail.com

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