20 Oct 2021 - 5:05 a. m.

Antisemitismo

Del holocausto aprendimos que del discurso de odio a las cámaras de gas hay solo un paso, por lo que es menester enfrentar las palabras antes de que los hechos se salgan de control.

Opinión
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Hace unos días, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, nombró, por primera vez en la historia del organismo, un “comisionado para el monitoreo y lucha contra el antisemitismo”, respondiendo al crecimiento alrededor del planeta, América Latina incluida, de uno de los odios más antiguos. El nuevo comisionado se une a similares de varios países y organismos internacionales, cuya función es enfrentar ese longevo y mutante fenómeno que ha tenido en las redes sociales una rechinante caja de resonancia y en la pandemia del COVID-19 un fértil caldo de cultivo.

Del holocausto aprendimos que del discurso de odio a las cámaras de gas hay solo un paso, por lo que es menester enfrentar las palabras antes de que los hechos se salgan de control. En los últimos años se han recrudecido ataques a instituciones y personajes judíos, ya sea en París, Bruselas, Copenhague, Paysandú, Buenos Aires y varios más.

La pandemia desató las teorías conspiratorias contra los judíos, desde que se inventaron el virus hasta que se lucran con las vacunas y las prolongadas cuarentenas. Sin embargo, es el odio desenfrenado contra Israel, el Estado judío, lo que concentra la mayor cantidad de incidentes contra el colectivo hebreo. Al pueblo judío, con tres mil quinientos años de historia, es al único sobre la faz de la tierra que se le niega su derecho a la autodeterminación nacional. Antisemitismo disfrazado de antisionismo. Aplicar doble estándar a Israel, como lo hacen el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y algunas ONG internacionales, le sirve a Estados tiránicos y genocidas para ocultar sus crímenes.

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Organizaciones terroristas, como Hamas y Hezbollah, son abrazadas por movimientos como BDS, abiertamente antisemita, y otros que promueven el boicot a Israel, una democracia imperfecta como todas, plural, incluyente y respetuosa de las libertades individuales. Tan es así que un partido árabe islamista hace parte de la actual coalición de gobierno. En varias universidades en Estados Unidos y otros países se ha generado un ambiente tan hostil a estudiantes judíos que estos han tenido que abandonarlos.

La semana anterior concluyó en Malmo (Suecia) la Conferencia Internacional sobre Recordación del Holocausto y combate al antisemitismo, con la participación de delegados de cincuenta países. Otra demostración más de la gravedad del fenómeno al que se agrega la negación del holocausto como una de sus facetas más insidiosas. Matar la historia judía.

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En nuestro país, tras un encuentro que sostuvo la Confederación de Comunidades Judías de Colombia, de la cual soy su director, con el senador y candidato presidencial Gustavo Petro, se desató una histeria en ciertos círculos, varios de cuyos miembros salieron del clóset blandiendo lo más granado de las teorías conspiratorias antisemitas: confabulación, complot, contubernio y demás.

La Alianza Internacional para la Recordación del Holocausto (IHRA por sus siglas en inglés) emitió hace unos años una definición de antisemitismo para ser usada como referencia por Estados, aparatos judiciales e instituciones. Llegó el momento de que el mundo la adopte e implemente. Colombia también.

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