2 Jan 2021 - 3:00 a. m.

Economía darwiniana para la vacuna y para mi prima

Algunos sostienen que los historiadores, dentro de mucho tiempo, mirarán hacia atrás al origen de la economía y no tendrán como pionero a Adam Smith (el actual padre) sino a Charles Darwin, pionero de la biología evolutiva. Y razón no les falta.

Las disciplinas de la economía y la biología evolutiva no solo tienen paralelos curiosos y anécdotas que se complementan entre sí. También comparten la metodología de la teoría de juegos, inventada por el matemático John von Neumann para ganar en póquer, adaptada por economistas para desarrollar modelos de diseño de mecanismos (como el último premio Nobel) y complementada por biólogos para entender el origen y la evolución de las especies.

Los detalles son innecesarios para una niña o un niño de diez años con ganas de aprender economía, pero la idea general nos es bastante útil para entender la necesidad de tener una buena estrategia para adquirir la vacuna contra el COVID-19.

La selección natural favorece rasgos y comportamientos por sus efectos en individuos, pero no en sus comunidades. Cuando un águila, por ejemplo, desarrolla una mejor visión para cazar su presa, esta tiene mayor probabilidad de sobrevivir y trasladarle sus genes a la siguiente generación. Gana el águila y gana su especie, que evoluciona. Ese no siempre es el caso. Los venados, por ejemplo, para poder reproducirse, deben ganarle la pelea por las hembras a otros ciervos, ahí es bastante útil tener astas grandes. El problema es que mientras se pelean los unos a otros, “evoluciona” la especie para tener astas más grandes, lo cual los hace más lentos, menos ágiles y más vulnerables ante sus depredadores. Gana el individuo por tener cachos grandes, pierde la especie.

Esto es un problema de acción colectiva. Los venados, los “bambis”, como les dice mi prima, no tienen la inteligencia para organizarse y ponerse de acuerdo en reducir el tamaño de sus astas en las peleas para que todos puedan beneficiarse. Los seres humanos sí lo podemos hacer: lo hicimos con los acuerdos de armas nucleares y lo debemos hacer para negociar la vacuna.

Algunos progresistas colombianos le han pedido al Gobierno nacional que les robe a las farmacéuticas el derecho que tienen de lucrarse de su propiedad intelectual. Esa, además de inmoral, es una pésima idea. Así como una obra de arte no vale por la madera y la pintura, sino por todo lo que requiere producir esa obra, la vacuna no vale por sus componentes químicos, sino por los millones de dólares (a un riesgo altísimo) que requiere desarrollarlas. Podemos tratar de ignorar que esos costos existen, lo que no podemos ignorar es la posibilidad de quedarnos sin vacuna por un idealismo mediocre.

Eso no quiere decir que no existan buenas soluciones. En Colombia, el Gobierno nacional logró cerrar una negociación directa con las farmacéuticas para empezar a vacunar en las próximas semanas hasta llegar a un par de decenas de millones de personas: eso es un avance gigante. También está COVAX, una alianza de 172 países para adquirir dos billones de vacunas, pero tampoco son suficientes para acabar con la pandemia. Es decir, el debate sigue abierto.

Anne Krueger, por ejemplo, ha señalado un problema muy importante, nada más y nada menos que de acción colectiva. En el momento, el problema de las vacunas no es que cuesten mucho, sino que no hay suficientes. Si los países en vía de desarrollo empiezan a pelearse entre sí por las “pocas” dosis que quedan disponibles, el efecto inmediato no será tener más vacunas (dado que están al máximo de capacidad), sino un precio mayor.

Los países empezarán una especie de subasta donde ganan los que tienen mayor capacidad de endeudarse. Como la historia del venado, puede ganar el país específico, pero pierden el conjunto de países que quedan con las mismas vacunas pero más endeudados. Permitir y fomentar la iniciativa privada es importante, igual que revisar las regulaciones para aprobar medicamentos y respetar la propiedad intelectual. Eso sí, nada de ello implica que sea buena idea negociar mal.

Los problemas globales como las guerras, las epidemias y el calentamiento global difícilmente se pueden resolver a nivel nacional; Harari lo reitera con frecuencia. Existe una vía para que todos los países tengan la vacuna cuanto antes, a las farmacéuticas se les compense por su infinito ingenio y que el mundo salga bien librado de esto. Lo único que nos hace falta es poder coordinar, esta no será la última vez que lo necesitemos.

Twitter: @tinojaramillo

martin.jaramillo@email.shc.edu

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