¿Mejor Trump?

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Pensar que cualquier presidente de Estados Unidos no busque controlar el mundo es como esperar que el papa sea ateo. Es obvio que la esencia de la política exterior de ese país es compartida por ambos partidos, en sus guerras, invasiones, saqueos e incluso en lo que pueda ser positivo para otras naciones. En las próximas elecciones, es evidente que, en búsqueda de los propósitos más loables para la humanidad, con Trump perdemos y con Biden no ganamos.

Pero en Estados Unidos sí hay notables diferencias entre ambos candidatos, definidas más por las formas que otorgan a unas instituciones políticas en donde el poder presidencial es muy grande, que por el fondo de las transformaciones significativas que puedan lograr en beneficio de su comunidad.

En la presidencia, Donald Trump ha sido un connotado exponente de los más vulgares rasgos que lesionan la escala de valores progresistas. Su sobrina, Mary L. Trump, psicóloga clínica, escribió un libro llamándolo “el hombre más peligroso del mundo”, en el que —con conocimiento médico— asegura que Trump es un “mentiroso crónico”, su padre fue un “sociópata”, cuyas características exhibe su hijo: “Falta de empatía, facilidad para mentir, indiferencia hacia lo correcto y lo incorrecto, comportamiento abusivo y falta de interés en los derechos de los demás” (ed. Simon & Schuster, 2020).

No es un secreto que el presidente de Estados Unidos es un misógino, racista y clasista, condiciones que él despliega con orgullo y que logran simpatía en un sector de la población estadounidense que reivindica el supremacismo blanco —entre otras barbaridades—, pero que se han convertido en un motivo creciente de preocupación de la población más ilustrada, porque implican un respaldo a los grupos fundamentalistas más conservadores. Y no solo en ese país, pues su forma de gobierno se ha convertido en una doctrina a imitar por tiranos que lo admiran en todo el mundo. El estilo de Trump coincide con los de cualquier “republiqueta” bananera: ocho de sus antiguos socios, amigos y funcionarios (Steve Bannon, Roger Stone, Paul Manafort, Michel Cohen, Michael Flynn, Rick Gates, George Nader y George Papadopoulus) están presos o investigados por defraudación, mentir bajo juramento, fraude fiscal, concierto para delinquir, conspiración y pornografía infantil.

En cuanto a la orientación económica, los negocios transnacionales, la minería, la banca y el libre comercio, seguramente no habrá cambio sustancial para Colombia si gana Trump o Biden. Pero si pierde Trump, será un cierto respiro para quienes nos identificamos con valores de tolerancia, diversidad e inclusión, aunque estos sean torpedeados cotidianamente por el neoliberalismo bipartidista.

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