Mercado, progreso y equidad

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La información reportada para 2020 muestra que América Latina, y con ella Colombia, fueron los países más afectados por la pandemia. Las caídas del producto nacional en la región fueron mayores que en Europa y Asia, y el deterioro de la distribución del ingreso fue mucho mayor. La explicación está en que la región opera con bajas tasas de ahorro y bajos salarios. El ahorro es insuficiente para el crecimiento y la distribución del ingreso. Los salarios y la distribución del ingreso se deterioran para elevar el ahorro y el crecimiento, luego los salarios y las transferencias fiscales se incrementan para mejorar la distribución del ingreso. La economía cabalga entre el bajo crecimiento y la inequidad.

En cierta manera se replica el proceso de los últimos 30 años, acentuado en los últimos cinco, en que la actividad productiva desciende y la distribución del ingreso retrocede, y se experimentan serios daños en el sector externo y la política social de transferencias.

La economía colombiana opera con enormes distorsiones y deficiencias estructurales. En el mundo idealista que imaginan los neoclásicos y los neoliberales, el crecimiento se consigue a cambio de la distribución del ingreso, y al revés. El sistema es más perverso en materia de equidad que el equilibrio competitivo ideado en el siglo XVIII. El mercado conduce a un estado en que la única forma de elevar el ahorro es la reducción de salarios. Lo que se plantea es apartarse de esa sinsalida por medio de una conciliación estatal que eleve el ahorro sin reprimir el salario. En el mundo real se consigue con un cambio profundo en la estructura económica que no es difícil sintetizar.

La explicación la encontré en los trabajos que realicé para la elaboración del libro Teorías del crecimiento y la distribución para una nueva era. Las economías enfrentan un severo conflicto entre el crecimiento económico y la distribución del ingreso. El conflicto se resuelve por las señales del mercado que se inclinan por el camino fácil de poner el salario por debajo de la productividad del trabajo. Así lo confirma la información básica de cuentas nacionales de la mayoría de los países de la región, que revelan 30 años de retroceso de la participación del trabajo en el PIB y rápido aumento en la participación del capital. Los países europeos moderan el resultado con las transferencias del ingreso del Estado de bienestar y los países asiáticos lo hacen con la estructura comercial y sectorial de alta productividad del trabajo.

El drama está en que el crecimiento económico y la distribución del ingreso están en abierto conflicto. El uno se logra a cambio del otro. La armonización se ha buscado bajando el salario y deteriorando la distribución del ingreso para elevar la tasa de ahorro. La economía crece a cambio de la equidad. Se equivocaron en materia grave. La conciliación de los dos principales propósitos, el crecimiento y la equidad, que están relacionados por muchos conductos, solo es posible dentro de amplias reformas en la estructura comercial, la organización monetaria y la política pública que permitan elevar el ahorro y sostener el salario por encima de la productividad. De esa manera, podría operar en ambos frentes.

El dictamen surge del análisis y el razonamiento científico y de la observación de los comportamientos en los distintos países. La solución óptima es un cambio estructural que suministre la suficiente discrecionalidad sobre el ahorro y el salario para mejorar la distribución del ingreso y elevar el crecimiento. Es el mejor camino que pueden seguir el país y la región para mejorar rápidamente la distribución del ingreso y recuperar la producción y el empleo.

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