17 Feb 2021 - 6:00 a. m.

Olvidar el fascismo

Olvídense del fascismo. Y de su faz intervencionista. Si nos interviene el vecino del norte, pues también nosotros podemos intervenir al vecino. No a ese, por supuesto. Lo suponemos mas grande y nos aplastaría con el puño. Pero quizás si a uno que suponemos mas pequeño, mas indio o campesino, menos maduro o sofisticado, no tan greco-caldense como nosotros, medio rebelde o izquierdoso, hasta castro-chavista en su inmediato pasado y de cualquier manera inferior. Poco importa que Quito ya tenga metro y nosotros no. Medellín lo tiene, y esa es la verdadera capital del imperio greco-caldense. Poco importa que durante el periodo supuestamente castro-chavista, mas o menos una década, hubiesen cesado los derrocamientos e incumplimientos del termino de mandato que habían plagado la época anterior. Ecuador había tenido siete mandatarios distintos, ninguno de los cuales había cumplido un mandato completo. Poco importa que durante el periodo supuestamente castro-chavista, el vecino país hubiese alcanzado niveles de crecimiento no vistos en los últimos cincuenta años y que explican, en parte al menos, la envidia que sienten los pro-cónsules del imperio greco-caldense ante su propia incompetencia. Ambos países vieron sus fortunas aparejadas a la diosa Fortuna del mercado global de los combustibles fósiles, y ninguno de los dos abandonó del todo, o para nada, su dependencia del llamado extractivismo. Pero solo en uno de los dos los beneficios alcanzaron el grueso de la población. En el vecino país. Mientras tanto, en el nuestro, el que se pretende imperio, aunque sea tan solo ‘moral’ pues lo otro ni modo, dando lecciones de derechos humanos, centrismo democrático y emprendimiento marca Brutiño, los beneficios se quedan en los bolsillos de unos pocos. O de uno solo, como dice Margarita Rosa de Francisco. La taza de pobreza en Ecuador bajó casi quince puntos en esa década. Todo ello terminó cuando Lenin Moreno decidió separarse no solo del supuestamente castro-chavista Correa sino también de si mismo, o al menos de las connotaciones mas sospechosas de su nombre propio. Por ello tuvo que salir corriendo de Quito y refugiarse en Guayaquil cuando las fuerzas extra-parlamentarias volvieron a salir a la calle para ejercer, en acto y no en greco-caldense, la democracia. Esas mismas fuerzas volvieron a las urnas en días anteriores y le dieron el adiós definitivo a Lenin Moreno. Le dieron la mayoría de sus votos a Andrés Arauz, mientras el segundo lugar lo debaten Yaku Pérez y Guillermo Lasso. Y mientras unos debaten que tan izquierdos y etno-auténticos o no puedan ser Arauz y Pérez, los titiriteros mueven sus hilos para asegurarse que quien gane sea el ambientalista auténtico o Lasso, y en cualquier caso no el supuesto castro-chavista y no el pueblo. Y así, el sub-imperio envía a su Fiscal para hacer lawfare, sacarse de la chistera indicios de cercanía entre Arauz y el ELN (la far ya no da para ello) e intervenir en las elecciones del vecino. Si tan solo los buenos cristianos del imperio lo fuesen, se ocuparían no de la paja en el ojo ajeno sino del fascismo en el propio.

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