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7 Dec 2022 - 5:00 a. m.

Males de pedal

Rabo de ají

La bicicleta en su uso más allá de la simple locomoción tiene algo de potro de torturas. Forzar la máquina para marcar un tiempo, romper los pulmones para alcanzar a otro doliente, luchar a la manera del peregrino para avistar una cima implica siempre un masoquismo jadeante. Algo de inquina contra nosotros mismos, contra el cuerpo, tenemos quienes pedaleamos más con la voluntad que con la fuerza.

¿Cómo más podría uno temerle al tramo de una carretera? ¿Cómo 500 metros de vía asfaltada pueden ser una especie de fantasma más temido entre más familiar? Solo la promesa del dolor logra un aumento de las palpitaciones y la desconfianza frente a una curva empinada, a una recta larga y ventosa, al repecho definitivo que, sabremos, dejará un dolor en la boca del estómago. La pesadilla de un ciclista aficionado (esto no tiene nada de recreativo) es que la carretera logre vencerlo, que lo haga poner pie en tierra. Un enemigo que no se compadece ni se jacta de su victoria.

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