Quiebra de la caja fiscal

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La economía quedó abocada a un cuantioso déficit fiscal que quebró el balance interno entre el ahorro y la inversión. El crecimiento del capital, la inversión y la producción son muy inferiores que en el pasado. El ministro de Hacienda reconoce que no tiene caja para atender las erogaciones fiscales, está cerca de la insolvencia financiera por recaudos inferiores a los compromisos.

La gran falla está en el intento de compensar la reducción de la tasa de ahorro con la política fiscal de gasto desbordado que lleva a un déficit fiscal del 9 % del PIB. En 2020 no evita que el producto nacional caiga 7 %, una de las más grandes del mundo. En el presente año propicia la sustitución de la inversión por el consumo. La economía queda sin inversión que impulse la demanda y con crecimiento del capital por debajo de la tendencia histórica. Las inversiones en maquinaria, construcción de vivienda y obras públicas y equipo de transporte caen más del 10 %.

El descuadre de la economía que podía verse como una abstracción se manifiesta en los flujos financieros reales. El ministro de Hacienda notifica que la caja para el año completo no alcanza para más de dos meses. A regañadientes reconoce que la economía opera con un serio faltante de ahorro. En efecto, anuncia una reforma tributaria regresiva, basada en IVA y las tarifas a la renta de personas naturales, que baja el salario, reduce la participación de los ingresos del trabajo en el producto nacional y aumenta el coeficiente de Gini. La propuesta pretende aumentar los recaudos en 2022 para reducir el déficit fiscal, montado por el mismo Carrasquilla en el programa financiero, que es el verdadero causante del desbalance entre el ahorro y la inversión.

La verdad es que la pandemia ocasionó una caída del ahorro que se buscó contrarrestar con un aumento del déficit fiscal basado en consumo. La economía quedó abocada a una baja inversión y a un crecimiento del capital muy por debajo de la tendencia histórica. Infortunadamente, el país siguió la misma línea de los países avanzados, en particular de Estados Unidos, que operan con ahorros sobrantes que los pueden movilizar mediante déficits fiscales con ampliaciones del consumo que no afectan la inversión. En los países en desarrollo que tienen faltantes de ahorro, significa una severa represión de la inversión que afecta el balance interno y la distribución del ingreso. La economía queda con bajo ahorro y crecimiento del capital por debajo de la tendencia histórica.

En términos más concretos, la causa del desorden está en el Gobierno, que monto la política macroeconómica en un déficit fiscal del 9 % del PIB, que no es sostenible en un país con tasas de ahorro entre 15 y 20 % del PIB. En cualquier momento aparece el desbalance interno que frena la inversión, la producción y el empleo, y puede precipitar el sistema en caída libre.

Los hechos se han encargado de confirmar que la reducción del ahorro originada por la política que venía de atrás agravada por el coronavirus no se podía remediar con la política convencional de déficit fiscal. El dispositivo no restaura el desbalance y acentúa el deterioro de la distribución del ingreso. Lo que se plantea es corregir el desbalance interno entre el ahorro y la inversión con reformas estructurales que eleven el ahorro y el salario a través del cambio de la estructura comercial, la reorientación de la concepción monetaria, la reducción de las transferencias de la política social al capital de los sectores de mayores ingresos y el replanteamiento de la política laboral. En este contexto, la economía estaría en capacidad de recuperar la producción, el empleo, sostener el crecimiento del capital y mejorar rápidamente la distribución del ingreso.

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