Reforma tributaria

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Luego de más de un año de pandemia y retroceso económico sin precedentes, no hemos pasado de los anuncios. La crisis económica ha sido resultado, tanto a nivel nacional como mundial, del mal funcionamiento de las economías de mercado que venían de la globalización iniciada en 1990 y agravada por la pandemia y las cuarentenas. Las economías no cumplen las condiciones mínimas de comportamiento que aseguren la consistencia mínima en el balance interno de ahorro e inversión, el balance externo de comercio y moneda, y la conciliación del crecimiento y la distribución.

A estas alturas no hay claridad sobre los recursos destinados a reducir la pobreza y mejorar la distribución del ingreso. Las cuantías causadas por pensiones básicas y apoyos a las empresas son modestas. El país debe conocer el monto de los recursos que se destinarán para reducir en forma drástica la pobreza y su procedencia.

La propuesta más concreta del Gobierno para ampliar los recursos es la elevación del IVA, pero no hay acuerdo entre el ministro de Hacienda y el presidente Duque. El ministro de Hacienda propone un IVA con devoluciones a los sectores de menores ingresos. Por su parte, el presidente solicita que no se incluyan los bienes de primera necesidad. Como lo muestra la experiencia de décadas, al final no se evita que el gravamen caiga en mayor proporción en los sectores de menores ingresos y que los recaudos sean menores a los previstos.

La causa de la caída y la crisis de la economía es el modelo económico que se mantuvo durante tres décadas. El modelo redujo el crecimiento económico, configuró un cuantioso déficit en cuenta corriente y finalmente la debacle de la pandemia disparó las diferencias de ingreso y la pobreza. Ya se ha visto que los déficits fiscales fueron insuficientes para detener la caída del ahorro que se presentó en 2020 y se trasladó a 2021, como se registra en las cifras recientes de enero. Los dos propósitos no se pueden alcanzar con un solo instrumento.

Los avances y los compromisos institucionales y legales van adelante de las reformas económicas que garanticen su consistencia. Las transferencias fiscales adquiridas significan erogaciones superiores a las posibilidades reales. No es posible realizar transferencias que significan déficits fiscales del 15 % con reformas tributarias del 1 % del PIB.

Los recursos de la reforma tributaria no contribuyen a reducir los monumentales daños en la distribución del ingreso y a mantener la reactivación. No permiten cubrir las deudas fiscales y la extensión de los apoyos sociales a los sectores menos favorecidos, como el ingreso solidario. Por lo demás, la economía quedaría con un desbalance interno entre el producto nacional y la demanda que impide la recuperación y el sostenimiento del crecimiento.

La verdad es que la economía experimentó una monumental reducción del ahorro que no se puede remediar con reformas tributarias basadas en el IVA selectivo. Los recursos provenientes de la reforma tributaria son una mínima parte de las obligaciones adquiridas y prometidas y de ninguna manera contrarrestan la caída del ahorro. Las soluciones a la pobreza dependen del conjunto de la economía, en particular de la orientación del modelo económico. Lo que se requieren son reformas estructurales que eleven el ahorro y sostengan el salario por encima de la productividad del trabajo, como el cambio de la estructura del sector externo, la reformulación de la política monetaria de aumento del crédito por debajo de la demanda y la reorientación de las transferencias fiscales en favor del trabajo y los sectores más vulnerables. En este contexto, es posible mejorar rápidamente la pobreza dentro de un marco de crecimiento superior a la tendencia histórica.

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