Reformas estructurales

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Las decisiones sobre el coronavirus han sido altamente influidas por la concepción del libre mercado. Los diagnósticos y las soluciones están altamente fundamentadas en el mercado y dan resultados distintos a los previstos y, por lo general, contribuyen a agravar los aspectos que busca remediar.

El mundo lleva más de seis meses asediado por el coronavirus. No es fácil entender que un virus con características similares a las pandemias surgidas en el último siglo, que puede expresarse por una relación matemática simple y una curva que se presenta en múltiples procesos físicos, matemáticos y económicos, genere los trastornos y las crisis observadas en los últimos seis meses. De acuerdo con estas expresiones, estamos ante un fenómeno que aparece, luego crece a un ritmo cada vez menor hasta alcanzar el pico y, finalmente, desciende hasta desaparecer. Así ocurrió en Europa, incluso en España e Italia, que alcanzaron los niveles más altos de contaminación. En América Latina se ha presentado un comportamiento muy distinto. En el intento de aplanar la curva para reducir el nivel de contaminación y evitar el colapso del sistema hospitalario se modificaron la solución matemática y la forma de la curva. El pico de la curva se alejó y se tornó incierto.

La otra falla grande está en el sistema de salud. Al parecer, la organización del sistema con criterios de mercado amplió el acceso, propició la modernización e incremento los márgenes de ganancias de los intermediarios. Sin embargo, no está en capacidad de atender en forma eficaz la afluencia masiva de pacientes. En Colombia, donde la cobertura del sistema es del 90 %, no se pueden tratar más de 2 mil pacientes del coronavirus en cuidados intensivos.

Las decisiones sobre este virus han sido altamente influidas por la concepción del libre mercado. Así, la medida de la cuarentena se justificó sobre la premisa de que la reducción del ahorro y la inversión sería contrarrestada por un aumento del endeudamiento externo. La caída de la economía se revertiría en un plazo corto. Los hechos dicen lo contrario. El endeudamiento externo aumentó el déficit fiscal, disparó el desempleo e inició el desplome de la producción. La proyección inicial de las organizaciones internacionales y del Gobierno, de que la producción caería 3,2 %, ha sido controvertida por las cifras efectivas reportadas para abril y mayo. Por simple aritmética, ya se ve que en el año la producción caerá 10 % y el empleo, 16 %.

Los resultados anteriores constituyen una evidencia de que el modelo de libre mercado, la privatización de la salud y de la concepción económica de la banca central y el comercio internacional que viene de un siglo se precipitó en colapso.

Sin duda, los daños del coronavirus se incrementarán mientras se fortalezcan tanto la presencia gubernamental como el debate público. Primero, el manejo epidemiológico no puede dejarse en los especialistas. Se requiere una mayor participación interdisciplinaria de matemáticos y economistas. Segundo, el sistema de las EPS, al igual que el pensional, está en mora de ser transformado en una organización regulada y administrada por el Estado. Tercero, la política macroeconómica debe ser sujeta al escrutinio público que garantice el balance macroeconómico interno y externo. El país tiene un cuantioso desbalance interno ocasionado por el bajo ahorro y el déficit en cuenta corriente que aumenta el desempleo y deprime la producción. La solución para superar la crisis y avanzar hacia una economía más equitativa es la abierta intervención del Estado para conformar una estructura de comercio internacional y sectorial con superávit de balanza de pagos.

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