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25 Apr 2022 - 5:30 a. m.

Juan Camilo Restrepo y la crisis de 1999

La crisis financiera de 1999 fue la peor en la historia moderna de Colombia. Las herramientas para conjurarla tuvieron que ser adaptadas sobre la marcha y al Banco de la República le tocó sacudirse de sus inveteradas costumbres ortodoxas para intervenir a fondo el mercado monetario y el cambiario. Juan Camilo Restrepo era ministro de Hacienda cuando se desató la hecatombe y ha publicado en sus Cuatro crisis que marcaron a Colombia (Planeta, 2022) un capítulo especial dedicado a ella.

De Restrepo puede decirse que es uno de los pocos alfiles con que cuenta el Partido Conservador para lidiar efectivamente con episodios complejos, tanto en el terreno económico (las crisis financieras de 1980 y fin de siglo) como en el político (la frustrada negociación de paz con el Eln). Tiene en su haber una formación de abogado y economista; la segunda, consolidada con su experiencia de gobierno. Restrepo analiza con lujo de detalles el desenvolvimiento de la crisis y las herramientas que tuvo que utilizar e improvisar para salvar la parte solvente del sistema financiero, dejando marchitar a la banca cooperativa y quebrar a los bancos que abusaron de sus posiciones y corrieron riegos por los que tuvieron que pagar con su disolución.

La crisis financiera de 1999 se fue gestando tras la apertura de la economía en 1991 que propició la llegada de capitales, aceleró el crecimiento y revaluó el peso. Se abarató el crédito en dólares, pero también en pesos, lo cual a su vez dio lugar a un auge inmobiliario que aumentó el empleo, fortaleció la demanda y generó una atmósfera de optimismo y mayor toma de riesgos. La inversión privada alcanzó a ser una cuarta parte del PIB en 1998. Detrás del frenesí de los corredores de bolsa, se venían gestando crecientes desequilibrios macroeconómicos: el gasto público se expandió con vigor y comenzó a crearse un enorme déficit fiscal que alcanzó el 7 % del PIB en 1998, el crecimiento desfallecía desde 1997 y hubo una contracción mayor al 4 % del PIB en 1999.

En ese entonces la inflación superaba niveles del 25 % anual y las tasas de interés tendían a superarla en más de 10 puntos. El Emisor apenas había comenzado a operar con la tasa de interés con la que le presta al sistema financiero a muy corto plazo a partir de 1996, que es la forma normal en la que influye sobre el mercado de dinero en los países avanzados. Si la inflación tendía a la baja, la tasa de referencia del banco central se podía reducir, pero en caso contrario la señal debía ser la de elevarla. En cierto momento el ministro Restrepo pensó que la tasa de interés del banco estaba muy alta y conminó públicamente a su Junta Directiva a que la redujera a sombrerazos. Sin embargo, uno de los determinantes fundamentales de la tasa de interés es el nivel de riesgo percibido por el acreedor, quien se rehusará a prestar a la fuerza; el otro es la inflación pues nadie presta por debajo de ella. La tasa de interés se redujo muy rápidamente con la crisis y la caída de la inflación al nivel de un dígito en el año 2000. A partir de ese momento, tanto la inflación como la tasa de referencia oscilaron alrededor del 3 % anual. No hizo falta el sombrero.

Los otros capítulos del libro de Restrepo sobre la crisis de 1982, el apagón de 1992 y la negociación con el Eln están igualmente bien escritos y fundamentados en su experiencia directa. Constituyen una lectura obligada para quienes pretendan entender e historiar estos difíciles períodos.

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