16 Sep 2021 - 5:00 a. m.

Colombia y el CO2

Santiago Villa

Santiago Villa

Columnista

El mundo tiende a eliminar los combustibles fósiles de su sistema energético, es un hecho, pero a largo plazo. Si bien simpatizo con la causa, no me parece tan claro que la respuesta que Colombia deba darle a este proceso sea estar en la vanguardia de este proceso. El mundo no lo necesita. Como país de ingresos medios-bajos, con enormes problemas de rezago en industrialización y lucha contra la pobreza, Colombia debe asumir la posición más económicamente ventajosa, así en ocasiones no sea la más ambientalmente loable.

Trataré muy brevemente tres ángulos de este problema: 1) la matriz energética; 2) la producción de hidrocarburos; y 3) la deforestación.

1) La semana pasada Gustavo Petro anunció que, si es presidente, transformaría la energía de las plantas de carbón en energía eólica. Es decir, va a despreciar una inversión e infraestructura ya instalada, para embarcar al país en unos altísimos gastos en tecnología que no necesita, porque la producción de CO2 de esas plantas es insignificante.

De hecho, la producción de CO2 de Colombia, en su conjunto, no es algo que deba preocuparnos más allá del nivel urbano. En las ciudades, el descontrolado aumento de motocicletas y atascos de tráfico ha disparado los niveles de contaminación. Eso está relacionado con la matriz energética.

Las grandes inversiones en energía, en lugar de reemplazar unas plantas de carbón que no hacen mayor daño, deberían ampliar la conectividad en zonas rurales. Para eso es posible usar energía solar, eólica y mini-hidroeléctricas, y debe fomentarse. Hay programas que se han puesto en marcha, con ayuda de cooperación internacional. Sin embargo, lo más complejo de esta ampliación es mantener la presencia de las ayudas en las zonas rurales más allá de la entrega de los equipos. Estos programas se frustran porque no hay un apoyo permanente para el mantenimiento de estas tecnologías y el correcto entrenamiento en su uso.

Centremos la atención sobre la falta de conectividad de las zonas rurales. Si es necesario hacer plantas de carbón para facilitar esta conectividad rural, vale la pena, sobre todo si se puede asegurar un suministro de carbón bajo costo por producción nacional.

2) Petro tuvo razón al advertir en las elecciones pasadas que Colombia no podía seguir dependiendo de la venta de carbón y petróleo. Sin embargo, la respuesta no es suspender la exploración petrolera. Prácticamente un tercio de las exportaciones de Colombia son petróleo y carbón. Si bien la demanda de carbón en el primer mundo se ha venido abajo, y Colombia ha debido buscar nuevos mercados en África y Medio Oriente, la demanda mundial de carbón y petróleo aún es alta. Es preferible seguir aprovechando ese mercado, mientras existe, que apagarlo antes de tiempo.

Si la exploración petrolera no es una actividad que le implique al estado colombiano grandes inversiones, sería una respuesta más sensata crear fondos especiales con los ingresos e impuestos por hidrocarburos (que casi sostienen al Estado), para fomentar otras industrias. No puedo imaginar cómo se pueden reemplazar los ingresos por hidrocarburos con productos manufacturados (soy pesimista en ese aspecto, pero no hay alternativa, hay que intentarlo).

También hay que preparar a las regiones que van a perder las regalías de los ingresos por carbón y petróleo, que son de las más pobres del país. Comenzar por las que producen carbón, porque ese mercado se está cayendo sin reversa.

Ahora, la crisis del carbón en Colombia tiene que ver con la caída en la demanda, pero en igual medida con que es muy costoso transportar el carbón colombiano a los mercados que son los principales consumidores. Por eso la industria del carbón en Colombia no será de nuevo lo que fue. El mercado de carbón de Colombia ha sido tanto víctima de la ubicación geográfica del país y su mala conectividad interna, como del cambio en los hábitos energéticos de los europeos (más que los mundiales). Sudáfrica y Australia, importantes productores de carbón, no han tenido problemas tan agudos como Colombia, porque están más cerca a los nuevos mercados de gran consumo, como Pakistán, India y China (aunque Australia tiene una pequeña crisis porque China, por motivos políticos, está boicoteando su carbón). La región del Asia-Pacífico está demasiado lejos para el carbón colombiano.

3) Si no es cerrando sus plantas y minas de carbón, y dejando de explorar petróleo, ¿qué puede hacer Colombia por ayudar a impedir el cambio climático? Combatir la deforestación. Detener la desbocada tala de bosques amazónicos y del Pacífico lograría más que cualquier decisión política relacionada con el petróleo y el carbón, con la ventaja de que no pone en riesgo la frágil economía nacional. Proteger nuestros bosques es la medida más urgente y decisiva que Colombia como país puede tomar para reducir los niveles mundiales de CO2. Este debe ser nuestro principal grano de arena.

Entiendo que el estilo de esta columna es un poco fragmentado, así que concluyo reiterando estos puntos: 1) No hay necesidad de reemplazar las plantas de carbón, déjenlas quietas. En cambio, inviertan en conectividad rural usando -y sobre todo manteniendo en uso-, energías renovables. 2) No dejar de explorar ni extraer petróleo y carbón, pero construir alternativas con el dinero de esos ingresos, y preparar a las regiones que se quedarán sin ellos, comenzando por las carboníferas. 3) La política ambiental más importante que Colombia puede aplicar, para ayudar en la lucha contra los niveles excesivos de CO2 en el planeta, es detener la deforestación.

Twitter: @santiagovillach

Comparte: