El Caminante

El día de las palabras

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Por estos tiempos, en los que hay más días ‘oficiales’ de algo que los 365 del año, yo propondría que hubiera un día en el que nos dedicáramos a conversar. El día de la conversación, por ejemplo. Que conversemos en serio, con profundidad, tratando de encontrar las razones de algo, con una pizca de humor si es posible, dejando a un lado los totalitarismos que se han puesto tan de moda últimamente, sin insultar al otro porque piensa distinto, es más, sin insultar a nadie, porque visto bien, el insulto no sirve de nada y sólo acaba por generar odio y venganza, y más odio y más venganza. Que conversemos y tratemos de comprender a nuestro interlocutor, y no juzgarlo, y menos, condenarlo, y que ese día, al menos ese día, no esté motivado por el signo pesos ni tenga que ser ‘oficial’, sino que lo decidamos entre todos los que estamos apartados de todos los ‘oficialismos’.

Un día en el que no haya ni ganadores ni perdedores, y si alguien tiene que ganar, que no sean siempre los mismos, como escribía Serrat. Un día sin celulares, sin linchamientos, sin falsas noticias, sin internet, y si son necesarias las noticias, cosa que dudo, que los periódicos y los noticieros se atrevan por esas 24 horas a abrir sus ediciones sin darles tanto juego a los políticos y a los jueces, reseñando cómo, por un día, lo sensacional fue que la gente conversó, y publiquen un ensayo sobre la mentira, por decir algo, o una tira cómica, o un profundo diálogo de dos filósofos sobre las distintas transformaciones del amor según han ido pasando los siglos y los sistemas económicos y políticos. Una nota sobre la nada y el vacío, una galería de imágenes de animales silvestres o un audio sobre los sonidos de la ciudad, según el barrio y la hora.

Un día sin guerras ni medallas: “Enemigo de la guerra y su reverso, la medalla”, como cantaba Luis Eduardo Aute. Veinticuatro horas en las que se cuelen entre charla y charla uno o dos de esos poemas que son el comienzo de una profunda transformación en la vida, la mirada del origen de la que hablaba Yukio Mishima, y una o dos canciones que lo lleven a uno a otras canciones, y a una película y al libro de un autor del que jamás habíamos oído hablar, precisamente porque creíamos que el mundo era sólo el que salía en los medios. Un día en el que cambiemos todas las ecuaciones y seamos nosotros los que vivamos el tiempo, los que lo tomemos, y que ese día no seamos tomados por él. Un día de palabras, de pequeñas e inmensas palabras, ojalá en español, con las que logremos decir a nuestra manera que anhelamos otro día así.

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