Por: Alvaro Forero Tascón

La orientación ideológica del Gobierno

¿POR QUÉ SI UNA DE LAS CLAVES DEL éxito político del uribismo fue su coherencia ideológica, y se suponía que el país había girado a la derecha, le está funcionando políticamente a Juan Manuel Santos alejarse de su plataforma electoral continuista y girar hacia el centro?

Una de las razones es casi una regla en las democracias modernas. Así como es más fácil ganar elecciones desde el centro porque desde allí es posible atraer a los cada vez más numerosos votantes independientes, también es más práctico gobernar desde el centro porque así se le da gusto a más sectores sociales y se evita ser presa tanto de los extremistas en el interior de los partidos de gobierno, como de la oposición que busca descalificar los presidentes por extremistas peligrosos. Hoy en día, violar la regla se paga caro en materia de popularidad o efectividad, o ambas, como atestiguan George W. Bush y Barack Obama, cuya coherencia política significó grandes pérdidas de popularidad, y eventualmente, de gobernabilidad. Aparentemente la regla no operó con Álvaro Uribe. Pero si la polarización política que impulsó Uribe no comprometió su popularidad, sí afectó su gobernabilidad, impidiéndole quedarse en el poder, propiciando escándalos y posiblemente comprometiendo no sólo su legado histórico sino su tranquilidad jurídica por el resto de sus días.

Otra razón es que el sistema político colombiano carece de la polarización ideológica de países como España, Venezuela  o Estados Unidos, lo que estaría contradiciendo la tesis de que el “cuerpo de doctrina” uribista permeó profundamente la conciencia política de los colombianos. Por el contrario, la combinación de personalismo, populismo y multipartidismo borroso, ha tendido a desdibujar aún más las frágiles distinciones ideológicas del viejo bipartidismo, y ha terminado dándole un amplio margen de maniobra ideológica al nuevo Gobierno.

Una tercera razón sería la que está generando preocupación entre los uribistas y esperanza entre los no uribistas. La vocación ideológica declarada de Santos es todo lo contrario del radicalismo de Álvaro Uribe. Más que ningún otro político colombiano, Santos ha propugnado la búsqueda de una tercera vía, por fuera de los cánones ideológicos. La línea de Santos es la del pragmatismo político de presidentes como Clinton, Blair o Lula, que combinaron sin sonrojarse políticas contradictorias ideológicamente en la búsqueda de resultados concretos.

Pero la tercera vía da para dos interpretaciones sobre el rol histórico de Santos. Una sería que el Presidente está evolucionando su coalición hacia objetivos de política diferentes a los de Uribe. La otra, que está acomodando el uribismo al cambio de condiciones históricas. La tercerización es en ocasiones el único camino para preservar políticas en medio de condiciones cambiantes. En este caso, habría sido necesario paliar los efectos negativos de las políticas uribistas en materia de desigualdad, desempleo, reducción fiscal, estancamiento del campo, inviabilidad del sistema de salud, y corregir rápidamente los graves errores en materia de polarización política, agresividad internacional y desinstitucionalización, para evitar tener que hacerle cambios de fondo a los dos pilares ultra conservadores del uribismo: la seguridad democrática y la confianza inversionista.

 

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