Por: Antonio Casale

La verdad no existe

Hace 25 años, quien no podía ir al estadio no podía ver fútbol.

El servicio de televisión era escaso, apenas se podía observar el resumen del partido de la semana en Brasil a través de Fútbol, el mejor espectáculo del mundo, conducido por Alberto Piedrahíta, y tal vez el juego del Colonia en Alemania a través de Señal Colombia, relatado por Andrés Salcedo.

En ese entonces, en materia de fútbol colombiano, no había más remedio que creerles a Hernán Peláez, Javier Hernández y a Esteban Jaramillo, quienes hacían suponer que el fútbol era una fiesta, fácil de entender y emocionante. Cómo olvidar los cantos de gol en la voz de El Emperador Marco Antonio Bustos (q.e.p.d), William Vinasco, Hernando Perdomo Ch., Jorge Eliécer Campuzano, Édgar Perea, Paché Andrade o El Mundialista Sergio Ramírez.

Pero también estaban Iván Mejía y Carlos Antonio Vélez, insultándose entre ellos, y otros a través de los micrófonos, al mejor estilo de Chávez en ‘Aló presidente’, hábitos que no han cambiado y forman parte de un estilo que no comparto. Eso sí, tenían algo en común, se creyeron dueños de la verdad.

Durante décadas, muchos periodistas que se atrevieron a debatir las “verdades” de estos dos personajes fueron ridiculizados y menospreciados, su credibilidad fue arrastrada por el suelo. Hoy, somos nosotros, Marocco, De Francisco, Pacho Cardona, Cifuentes y otros más quienes soportamos que ellos nos digan peyorativamente “hinchas con micrófono, comentaristas discjockeys o ignorantes”, logrando validar, por las marcadas diferencias, a la nuestra como una corriente nueva que, con argumentos, sin insultos, sin creerse dueña de la verdad, entiende que el fútbol es mucho más que 22 personas detrás de un balón, pero no es una ciencia. Una corriente que ofrece, sin mayores pretensiones, pero con preparación, alternativas nuevas, sin necesidad de desconocer a nadie, incluso a Vélez o a Mejía, quienes sin duda tienen lo suyo.

Gracias señores, cuando se refieren a mi trabajo de esa manera, me convencen más de que quiero ver el fútbol y compartirlo como mandan las reglas del periodismo. Pero también hacerlo como hincha, porque aceptar ser fanático de mi equipo sólo me hace más honesto y capaz de analizar, honrar o criticar.

Por eso, en esta columna compartiremos conceptos, hechos y anécdotas sin que nadie, ni usted, ni yo, seamos los dueños de la verdad absoluta.

 

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